- El biólogo británico ofreció una conferencia sobre una de las preguntas más persistentes de la ciencia contemporánea: cómo la química de la Tierra primitiva dio origen a las primeras formas de vida.
Universidad de Las Américas recibió la visita del Dr. Jack Szostak, Premio Nobel de Medicina 2009, quien ofreció una charla magistral que puso en el centro una de las preguntas más profundas del conocimiento humano: cómo se originó la vida en la Tierra. La actividad –inscrita en la alianza estratégica de UDLA y Congreso Futuro 2026–, fue concebida como un espacio de reflexión científica abierta para estudiantes, académicos y la ciudadanía.
La invitación al biólogo molecular y genetista respondió al propósito de fortalecer el diálogo en torno a los grandes desafíos de la salud y las ciencias biomédicas, promoviendo una comprensión más amplia de procesos como el envejecimiento y las enfermedades. En su visita, el científico inglés sostuvo encuentros con autoridades y académicos, reforzando el vínculo entre la investigación de frontera y la salud, uno de los ejes del proyecto formativo de UDLA.
La organización de la visita del Dr. Szotak estuvo a cargo de la Facultad de Salud y Ciencias Sociales. Su decano, el Dr. Osvaldo Artaza, destacó que los estudios realizados por más de 25 años por el científico nacido en Londres han permitido abordar dilemas profundos que cruzan diversas disciplinas, evidenciando que la existencia es el resultado de procesos graduales, complejos y profundamente fascinantes. “Preguntarse cómo surge la vida a partir de la materia no es solo una inquietud científica, sino una interrogante que atraviesa la filosofía, la ética y la comprensión de nuestro lugar en el universo”.
La pregunta más fundamental
En su charla magistral, el Dr. Szostak explicó que su trabajo en el transcurso de este siglo ha estado orientado a comprender cómo la química en los albores de nuestro planeta pudo dar origen a las primeras formas de vida. Lejos de constituir una especulación abstracta, se trata de una investigación experimental que busca reconstruir, paso a paso, el tránsito desde moléculas no vivas hacia sistemas capaces de crecer, dividirse y evolucionar.
“Estamos tratando de abordar una pregunta fundamental sobre la humanidad, que es cómo llegamos aquí, y entender cómo la química de la Tierra primitiva se elevó a los principios de la vida”, señaló el Nobel, subrayando que este enfoque permite descomponer un problema históricamente inabordable en etapas científicamente observables, así como también iluminar procesos biológicos actuales y repensar el lugar de la humanidad en el universo.
El investigador destacó que este dilema adquiere una relevancia renovada en un contexto donde la astronomía ha demostrado la existencia de múltiples planetas potencialmente habitables. Si los procesos que se desarrollaron en la Tierra no fueron excepcionales, comprenderlos podría abrir nuevas perspectivas sobre la posibilidad de vida más allá de nuestras fronteras.
Del mundo del ARN a las primeras células
Uno de los puntos centrales de la conferencia fue la explicación de la hipótesis del “mundo de ARN”, una propuesta científica que busca entender cómo surgió la vida cuando aún no existían las células complejas actuales. El ARN (ácido ribonucleico) es una molécula capaz de almacenar información genética, similar al ADN, y también de participar en reacciones químicas esenciales, lo que lo convierte en un candidato central para explicar las primeras formas de vida.
“Fue un enorme misterio durante muchas décadas hasta que se descubrió que el ARN también puede actuar como enzima, y que no necesitas DNA ni proteínas para empezar la vida, solo requieres moléculas de ARN dentro de una membrana”, afirmó el Premio Nobel. Esta idea permitió imaginar formas de vida extremadamente simples, basadas en ARN, capaces de heredar información y evolucionar sin la compleja maquinaria de las células modernas.
A partir de este marco, el científico explicó que las primeras formas de vida pudieron organizarse en vesículas simples (antecesoras de la célula), pequeñas “burbujas” formadas por ácidos grasos que se generan espontáneamente en el agua. Estas estructuras podían encerrar material genético primitivo, crecer al incorporar nuevas moléculas y dividirse sin necesidad de control biológico, solo mediante procesos físicos y químicos.
Szostak también abordó el rol de los ambientes geológicos de la Tierra primitiva, cuestionando la idea tradicional de una “sopa primordial” homogénea. En su lugar, explicó que procesos naturales como la cristalización, la concentración química y la energía proveniente de la radiación ultravioleta, habrían permitido acumular y purificar los compuestos necesarios para la vida en entornos específicos, como sistemas volcánicos o hidrotermales.
Estos escenarios, señaló, permiten pensar el origen de la vida como un proceso gradual, gobernado por leyes físico-químicas, donde la selección comienza a operar incluso antes de la biología como tal. Desde esta perspectiva, nuestra existencia aparece no como un accidente, sino como el resultado de condiciones que favorecen la organización progresiva de la materia.
























