• Mantener horarios relativamente estables, limitar el uso de pantallas en la noche, promover la actividad física matutina y la exposición a luz natural durante el día, son estrategias simples pero efectivas indica especialista de la Universidad de La Frontera (UFRO).

Durante las vacaciones de verano, los horarios se flexibilizan, las noches se alargan y la estructura cotidiana cambia. Para muchas familias, este período se asocia con descanso y menor exigencia. Sin embargo, desde la mirada clínica y científica, una experta advierte que relajar completamente las rutinas puede tener efectos relevantes en la calidad del sueño infantil y, con ello, en el bienestar emocional, cognitivo y conductual de niños.

La especialista en sueño de Universidad de La Frontera (UFRO), Dra. Daniela Ramos, explica que el sistema del dormir infantil es especialmente sensible a los cambios ambientales y de horario. “El reloj biológico de los niños necesita ciertos anclajes diarios. Cuando estos desaparecen por completo, se produce un desajuste que no siempre es evidente de inmediato, pero que se manifiesta en irritabilidad, dificultades de atención y mayor desregulación emocional”, señala.

Según la evidencia, durante los períodos sin estructura escolar, los niños tienden a retrasar progresivamente su hora de dormir, generando una brecha entre su reloj biológico interno y los horarios sociales. Aunque en algunos casos pueden dormir más horas totales, ese sueño suele ser más irregular y ocurre en momentos menos favorables para el sistema circadiano, lo que impacta su calidad y su efecto reparador.

En este contexto, la Dra. Ramos enfatiza que el cuidado del sueño en vacaciones no implica rigidez ni una extensión de la disciplina escolar. “La evidencia muestra que las vacaciones no requieren una rigidez extrema, pero sí la mantención de la rutina. Mantener horarios relativamente estables, limitar el uso de pantallas en la noche, promover la actividad física matutina y la exposición a luz natural durante el día, además de respetar rutinas de preparación para dormir, son estrategias simples pero efectivas para proteger el sueño infantil sin interferir con el disfrute del descanso en vacaciones”, explica.

Uno de los factores que más incide en la desorganización del sueño durante el verano es el aumento del tiempo frente a pantallas, especialmente en horarios nocturnos. La luz azul emitida por celulares, tablets y televisores inhibe la secreción de melatonina, hormona clave en la inducción del sueño, retrasando su inicio y fragmentando su arquitectura. A esto se suma el efecto del calor, que puede aumentar los despertares nocturnos y disminuir la profundidad del descanso, especialmente en niños pequeños.

Desde una perspectiva de desarrollo, la estabilidad de los ritmos biológicos cumple un rol protector. Investigaciones recientes asocian la alta variabilidad en los horarios de sueño con mayor riesgo de dificultades emocionales y de conducta, incluso cuando la duración total del

 

sueño es adecuada. “No es solo cuántas horas duermen los niños, sino cuán regular es ese sueño. La irregularidad sostenida tiene un costo biológico”, advierte la especialista.

Otro aspecto relevante es el impacto que este desorden tiene en el retorno a la rutina escolar. Tras varias semanas de horarios tardíos, muchos niños experimentan somnolencia diurna, mayor irritabilidad y dificultades de adaptación durante las primeras semanas de clases, lo que también genera estrés familiar. Desde una mirada preventiva, este impacto puede mitigarse sosteniendo ciertos mínimos de estructura durante el verano y realizando ajustes progresivos hacia el final de las vacaciones.

Para la experta UFRO, el mensaje central es que el descanso y el cuidado del sueño no son conceptos opuestos. “Un verano con cierta estructura no le quita libertad a los niños. Al contrario, favorece un descanso más reparador, una mejor convivencia y un mayor bienestar diario. El sueño no necesita rigidez, pero sí coherencia”, concluye.

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Equipo Prensa
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