- Datos presentados por el nutricionista chileno Samuel Durán muestran que solo uno de cada cuatro adultos cumple las recomendaciones de consumo de lácteos en el país, una brecha que contrasta con la evidencia científica internacional expuesta por Ignatius Zeto en la reciente World Dairy Summit de Santiago, donde se destacó el rol de estos alimentos en la salud ósea, muscular y metabólica de los adultos mayores.
El rápido envejecimiento de la población chilena está tensionando al sistema de salud y dejando en evidencia brechas nutricionales que podrían tener consecuencias de largo plazo. Una de ellas es el bajo consumo de lácteos en las personas mayores, pese a que se trata de un grupo que concentra mayores requerimientos de proteínas y micronutrientes clave para la salud ósea, muscular y metabólica.
Según explica el Dr. Samuel Durán, nutricionista, académico de la Universidad San Sebastián y miembro del Comité Científico del Programa Gracias a la Leche del Consorcio Lechero, solo un 23% de los adultos en Chile cumple la recomendación de consumir tres porciones diarias de lácteos establecida por las guías alimentarias nacionales. “Es decir, apenas uno de cada cuatro participantes alcanza esa recomendación”, señala.
El dato proviene de un estudio publicado en Nutrición Hospitalaria, con datos del 2023 y que es consistente con los resultados de la Encuesta Nacional de Alimentación 2010–2011, que mostró que entre un 20% y un 25% de la población cumple con ese consumo. “Aunque la encuesta no desagrega específicamente a los adultos mayores, todo indica que este grupo consume aún menos lácteos que la población adulta general”, advierte el Dr. Durán, lo que sugiere que más del 30% de las personas sobre 60 años tendría una ingesta inferior a la recomendada.
La paradoja es evidente. “Los lácteos son ricos en proteínas de alta calidad y aportan vitamina D, fosfato de calcio, yodo y vitamina B12, todos nutrientes especialmente relevantes en las personas mayores”, explica el académico.
En otro estudio, publicado en la Revista Española de Nutrición Comunitaria, Durán y su equipo mostraron que los lácteos son la principal fuente de vitamina B12 en este grupo etario. “Las carnes, que naturalmente contienen más B12, suelen consumirse menos en adultos mayores, ya sea por problemas de dentadura, por su costo o por dificultades de masticación. En ese contexto, los lácteos se transforman en el gran aportador de esta vitamina”, señala.
Pese a ello, el consumo de lácteos disminuye con la edad. Una de las razones, según el Dr. Durán, es la persistencia de recomendaciones clínicas que restringen innecesariamente estos alimentos. “Muchos profesionales de la salud siguen quitando los lácteos a personas mayores con colesterol elevado, eliminando la leche entera, el queso o el yogur, y reduciendo drásticamente la diversidad de lácteos que consumen”, explica. Esta práctica, añade, se basa en una concepción heredada de los años 80 y 90, cuando se instaló la idea de que la grasa saturada de los lácteos incrementaba el colesterol LDL y el riesgo cardiovascular.
“Los estudios antiguos apuntaban en esa dirección, pero la evidencia más reciente no confirma ese efecto de manera consistente”, sostiene. Sin embargo, esas recomendaciones “se quedaron eternizadas en el ADN de los profesionales de la salud y de la población”, lo que ha llevado a una restricción que, en muchos casos, no está justificada. “Sin querer, estamos afectando la posibilidad de que las personas mayores consuman la cantidad de lácteos que necesitan, cuando estos alimentos no son solo grasa saturada, sino fuentes de múltiples nutrientes que ayudan a prevenir la sarcopenia, favorecen una microbiota saludable y contribuyen a la salud ósea, cardiovascular y cognitiva”, afirma.
En la práctica, esto se traduce en una dieta poco diversa, dominada por lácteos descremados como el quesillo, y con menor presencia de yogur, quesos o leche entera. “Fue una moda que terminó convirtiéndose en tendencia, basada en las recomendaciones científicas de ese momento, que hoy sabemos que deben revisarse”, comenta el Dr. Durán.
Envejecimiento saludable
La evidencia internacional presentada recientemente en Santiago refuerza este diagnóstico. Durante la World Dairy Summit de la International Dairy Federation, realizada en octubre, Ignatius Zeto, doctor en nutrición y assistant president de Yili Group, expuso una revisión exhaustiva de la literatura científica sobre el rol de los lácteos en el envejecimiento saludable, en un contexto de acelerado cambio demográfico a nivel global.
Zeto recordó que hacia 2030 una de cada seis personas en el mundo tendrá 60 años o más y que, para 2050, ese grupo superará los 2.100 millones de personas. “Este cambio demográfico es un gran desafío para los sistemas de salud y para las sociedades a nivel global”, señaló, advirtiendo que el aumento de la esperanza de vida no siempre ha ido acompañado de más años de vida saludable. En ese marco, vinculó la discusión nutricional con el Objetivo de Desarrollo Sostenible número 3 de Naciones Unidas, orientado a garantizar vidas sanas y promover el bienestar en todas las edades.
A lo largo de su presentación, el Dr. Zeto sostuvo que existe un cuerpo creciente de evidencia que muestra que el consumo regular de lácteos contribuye a mejorar la adecuación nutricional en adultos mayores y puede ayudar a reducir la prevalencia de enfermedades no transmisibles asociadas al envejecimiento. Destacó que los lácteos aportan proteínas de alta calidad, fosfato de calcio y micronutrientes, y subrayó que componentes como ciertas proteínas, aminoácidos y la lactosa favorecen la absorción del fosfato de calcio incluso en ausencia de vitamina D. “Los lácteos son realmente ideales para la absorción y utilización del fosfato de calcio por el organismo humano”, afirmó.
Uno de los focos centrales de su exposición fue la salud ósea, muscular y articular, un ámbito donde la evidencia es particularmente sólida. El Dr. Zeto presentó estudios que muestran que combinaciones de leche y yogur se asocian a beneficios en la salud ósea, especialmente en mujeres, y detalló el rol del suero y la caseína en la protección de la densidad mineral ósea, con efectos que varían según el índice de masa corporal. También enfatizó que la salud ósea no puede analizarse de forma aislada. “Si se tienen buenos huesos, también se necesitan buenos músculos para sostenerlos”, señaló, destacando la relación entre masa muscular, equilibrio y riesgo de caídas.
En ese contexto, abordó la sarcopenia y remarcó que la combinación de proteína láctea y ejercicio es una estrategia eficaz para enfrentarla en adultos mayores. Citó recomendaciones que sugieren un consumo de entre 0,4 y 0,6 gramos de proteína de alta calidad por kilo de peso corporal en cada comida para maximizar la síntesis proteica muscular, y calificó a los lácteos como una solución costo-efectiva, especialmente relevante en poblaciones donde las personas mayores tienden a priorizar el gasto en sus familias por sobre su propia alimentación.
Zeto revisó además estudios observacionales y metaanálisis que analizan la relación entre consumo de lácteos y riesgo de hipertensión, síndrome metabólico, diabetes tipo 2, accidente cerebrovascular y enfermedad coronaria. Indicó que la evidencia más reciente muestra asociaciones favorables o neutras para el consumo total de lácteos y, en algunos casos, efectos positivos para productos como el yogur en la reducción del riesgo de diabetes tipo 2. Sobre los lácteos enteros, reconoció que persiste una percepción negativa, pero señaló que investigaciones recientes sugieren posibles efectos beneficiosos sobre la salud cardiovascular, asociados a la biodisponibilidad de nutrientes y a la presencia de componentes bioactivos.
Otro ámbito abordado fue la inmunidad, particularmente relevante tras la pandemia de Covid-19. El Dr. Zeto citó estudios que muestran que el consumo de productos fermentados, en especial yogur, se asocia a una mayor diversidad del microbioma intestinal, un factor vinculado a una mejor respuesta inmune. No obstante, fue más cauteloso al referirse a la función cognitiva y la calidad del sueño. Si bien existen estudios que sugieren posibles beneficios, advirtió que la evidencia disponible aún es limitada y que se requiere más investigación antes de formular recomendaciones sólidas.
Comunicación responsable
De regreso al contexto chileno, el Dr. Durán subraya que las guías alimentarias nacionales ya incorporan parte de esta evidencia. “Hoy recomiendan tres lácteos diarios y no hacen una distinción estricta sobre el contenido de grasa, lo que está en línea con la nueva evidencia internacional”, explica. El problema, añade, es la escasa difusión de estas guías. “Si los profesionales de la salud no conocen estos cambios, es muy difícil que los usuarios o los pacientes puedan beneficiarse de ellos”.
La consecuencia es visible en hogares de adultos mayores, centros de larga estadía y en la vida cotidiana. “Probablemente en muchos casos se consume solo un lácteo al día, generalmente en el desayuno, lejos de las recomendaciones”, señala Durán, atribuyendo esta situación a una mezcla de desconocimiento, mitos persistentes y mensajes contradictorios sobre alimentación.
Tanto los doctores Durán como Zeto coinciden en que el desafío no es solo generar más evidencia, sino también sintetizarla y comunicarla de manera rigurosa y responsable. En un escenario de envejecimiento acelerado, mejorar el consumo y la diversidad de lácteos en las personas mayores aparece como una intervención nutricional de alto impacto potencial, siempre que esté respaldada por ciencia sólida, guías claras y una difusión efectiva que llegue tanto a los profesionales de la salud como a la población general.
























