Durante las vacaciones los cuidamos, salimos con ellos e hicimos todo lo posible para que estuvieran bien, pero se apareció marzo y vuelven las obligaciones laborales, los hijos retornan al colegio y a la universidad, el tiempo empieza a escasear. ¿Cómo podemos asegurarnos de su bienestar?
La prioridad cuando un adulto mayor debe quedarse solo en casa es garantizar su tranquilidad, bienestar y seguridad.
Para ello, es posible implementar sistemas de alertas médicas (botones SOS, celulares con llamados de emergencias, etc.), adaptar las condiciones del hogar para evitar peligros (poner barras de seguridad para que pueda afirmarse en distintos lugares para evitar caídas, cambiar la tina por un shower door para facilitar el baño, etc.), diseñar y dejar escrito en un lugar visible un “plan de emergencia” (con contactos, números de teléfonos, información médica relevante, etc.) y, por supuesto, mantener comunicación frecuente mediante whatsapp, llamadas o videollamadas, según lo permita el manejo tecnológico del adulto mayor.
Si se trata de una persona mayor autovalente se puede fomentar su participación en grupos comunitarios, actividades religiosas o talleres que los mantengan activos y acompañados.
Si, en cambio, la persona tiene dependencia moderada o severa es necesario buscar más ayuda, evaluar la contratación de cuidadores profesionales o recurrir a la red de apoyo familiar o comunitaria. En el caso de personas de escasos recursos (según el Registro Social de Hogares) se puede postular a programas de cuidado domiciliario a través de los municipios, SENAMA u otras instituciones, pero quienes no cumplen con los requisitos deben buscar otras alternativas.
Carolina Leporati, Gerente de Acalis Coventry, comenta que éstas son una muy buena opción: “Independientemente de si nuestro adulto mayor es autovalente o no, este tipo de residencias están diseñadas para las distintas necesidades. Acá, las familias tienen la certeza de que su ser querido está en buenas manos, cuidado y acompañado por profesionales altamente calificados. Con la oportunidad de socializar, participar en talleres y actividades, hacer amigos y mantenerse activos física y mentalmente”, señala.
Y agrega. “A las personas mayores no les gusta sentirse una carga para sus familias. Darse cuenta de que llegan cansados del trabajo y, además, deben preocuparse de ellos. Acá ellos también tienen esa tranquilidad. Entonces, por un lado, se evitan riesgos y, por el otro, toda la familia gana en tranquilidad”.
Así, las alternativas son variadas y llegado el momento de volver al trabajo es la oportunidad de evaluar la más conveniente y acorde a las necesidades personales y familiares. Lo fundamental, es que exista una solución para que ningún adulto mayor corra riesgos por falta de cuidados o compañía.
























