- El 51,7% de los escolares presenta malnutrición por exceso y casi la mitad de los niños en kínder ya tiene sobrepeso. Especialistas alertan que la obesidad infantil está generando hipertensión, síndrome metabólico y riesgo cardiovascular a edades cada vez más tempranas.
El sedentarismo infantil en Chile dejó de ser una preocupación a futuro y se convirtió en una crisis sanitaria presente. Según el Mapa Nutricional 2025 de JUNAEB, el 51,7% de los niños y adolescentes presenta malnutrición por exceso y el 24,8% vive con obesidad, es decir, 1 de cada 4 niños.
La situación comienza cada vez más temprano: el 49,2% de los niños en kínder ya presenta exceso de peso, y la obesidad infantil ha aumentado 10 puntos porcentuales en los últimos 17 años.
Pero el problema ya no es solo nutricional, sino también un riesgo cardiometabólico. Hoy los especialistas advierten que la obesidad infantil está generando hipertensión arterial, resistencia a la insulina, alteraciones del colesterol e incluso daño cardiovascular en etapas cada vez más precoces.
Enfermedades de adultos cada vez más presentes en niños
Desde la práctica clínica, el escenario ya cambió. El Dr. Paulo Valderrama Erazo, cardiólogo pediatra del Centro Médico Nueva Estoril, advierte que “cada vez vemos más niños con hipertensión arterial, resistencia a la insulina, alteraciones del colesterol y daño renal inicial. Esto puede traducirse en hasta cinco veces más riesgo de infartos, casi tres veces más riesgo de accidentes cerebrovasculares en adultos jóvenes y en un aumento significativo del riesgo de diabetes desde la adolescencia”.
En ese sentido, el cardiólogo pediatra afirma que “un niño con obesidad tiene alto riesgo de ser un adulto con obesidad”, lo que proyecta una mayor carga de enfermedades crónicas como diabetes, enfermedades cardiovasculares, daño renal e hígado graso.
El impacto silencioso en el corazón
El daño no es superficial. El exceso de tejido adiposo en el cuerpo genera efectos directos en el sistema cardiovascular, metabólico, renal, hepático y mental desde la infancia. “Produce alteraciones en el músculo cardíaco, problemas en su relajación y contracción, arritmias e incluso insuficiencia cardíaca. En casos extremos, puede derivar en muerte súbita”, advierte el especialista.
Además, ya se están observando en edad pediátrica múltiples comorbilidades como hipertensión arterial, resistencia a la insulina y diabetes, colesterol y triglicéridos elevados, hígado graso, daño renal inicial, apnea del sueño e intolerancia al ejercicio.
Sedentarismo y uso excesivo de pantallas
Uno de los principales detonantes de esta crisis es el sedentarismo, estrechamente ligado al uso excesivo de pantallas. En consultas médicas, se observan niños que pasan entre 6 y 15 horas diarias frente a dispositivos electrónicos. “El sedentarismo genera un círculo vicioso: disminuye el metabolismo, favorece una mala alimentación y aumenta el aislamiento social”, explica el Dr. Valderrama.
La evidencia internacional respalda este diagnóstico: estudios recientes han vinculado el uso prolongado de pantallas con mayor riesgo de hipertensión arterial, colesterol elevado y resistencia a la insulina en niños y adolescentes e incluso “roba tiempo” de un sueño reparador.
Señales de alerta que los padres no deberían ignorar
Uno de los principales problemas es la subestimación del exceso de peso: estudios muestran que un 38% de los padres no percibe correctamente el estado nutricional de sus hijos.
Entre los signos de alerta más frecuentes están:
- Manchas oscuras en el cuello (acantosis nigricans)
- Perímetro de cintura elevado
- Fatiga o falta de aire al jugar
- Ronquidos o pausas respiratorias al dormir
- Dolores musculares o cefaleas frecuentes
Actividad física y hábitos saludables en la rutina familiar
En el marco del Día del Deporte y la Actividad Física, los especialistas recalcan que el ejercicio es la herramienta más costo-efectiva para revertir esta tendencia. Según datos de JUNAEB, mantener una vida activa puede reducir en hasta 7 puntos porcentuales el riesgo de malnutrición por exceso.
La recomendación es clara: al menos 60 minutos diarios de actividad física moderada a vigorosa, junto con ejercicios de fortalecimiento muscular al menos 3 veces por semana. Además es clave reducir el consumo de alimentos ultraprocesados, limitar pantallas máximo una hora diaria, fomentar la actividad física en familia y asegurar entre 8 y 10 horas de sueño.
“Estamos frente a una pandemia de obesidad infantil, subestimada y normalizada. Esto requiere mejoras en políticas públicas y un cambio de conducta familiar urgente. No actuar hoy es poner en riesgo la calidad y expectativa de vida de los niños y adolescentes”, concluye el cardiólogo pediatra del Centro Médico Nueva Estoril.




















