En Chile, la yodación de la sal fue una política pública ejemplar. Desde mediados del siglo pasado se incorporó yodo a la sal de mesa y, con ello, disminuyó el bocio endémico. Más tarde llegaron el tamizaje neonatal y nuevas guías. Hoy el reto es distinto: mantener los logros sin caer en excesos ni déficits. Con una dieta más procesada y un consumo de sal aún alto, conviven dos riesgos: personas que reciben demasiado yodo y otras que, por dietas restrictivas o poco variadas, no alcanzan lo mínimo.
La tiroides regula el metabolismo y la energía. Cuando falla, lo notamos: cansancio, cambios de peso, frío o calor excesivo, piel seca, ánimo inestable. El yodo es esencial para la síntesis de hormonas tiroideas, pero requiere dosis adecuadas. En un mismo hogar alguien puede excederse si usa mucha sal yodada o suplementos sin indicación, mientras que una persona que restringe la sal y consume escasos productos del mar puede presentar una ingesta insuficiente. Embarazo y niñez son etapas sensibles.
¿De dónde viene el yodo? De pescados y mariscos, lácteos y huevos; en menor medida de granos, frutos secos y semillas. Asimismo, el yodo puede provenir de fuentes inadvertidas sin que lo notemos: desinfectantes yodados en lecherías, colorantes como la eritrosina y acondicionadores de masa, e incluso fármacos o insumos médicos. Entre ellos destacan la amiodarona, los medios de contraste y la povidona yodada. Por eso, la clave no es “más yodo”, sino una ingesta suficiente y estable.
Recomendaciones simples: 1) Menos sal, pero yodada. Reducir el sodio protege el corazón; mantener la yodación evita el déficit. 2) Priorizar alimentos frescos y mínimamente procesados: dos veces por semana pescados o mariscos; lácteos y huevos durante la semana; frutas, verduras, granos y frutos secos como base. 3) Evitar extremos: no hace falta usar algas a diario ni tomar suplementos “por prevención”; en exceso pueden desencadenar problemas, sobre todo con autoinmunidad o antecedentes familiares. 4) Si sigues una dieta vegetariana o vegana, planifica con un profesional.
Quienes usan levotiroxina pueden mejorar su eficacia con hábitos sencillos: tomarla en ayunas con agua, esperar 30 minutos antes del desayuno y separar dos a cuatro horas de suplementos de hierro o calcio. Nunca ajustes dosis por cuenta propia ni inicies suplementos de yodo sin indicación.
A nivel país, la yodación de la sal sigue siendo una historia de éxito que requiere monitoreo y educación. Si combinamos menos sal, mejor elección de alimentos y controles oportunos, protegeremos la salud tiroidea de manera informada y proporcional. La salud tiroidea no depende de una moda ni de un superalimento: depende de equilibrio. Ese equilibrio necesitamos recuperarlo en nuestra mesa.
Jessica Fuentes Fuentes
Directora de la carrera de Nutrición y Dietética
Universidad San Sebastián
























