La pandemia de la covid impulsó de forma masiva el uso de mascarillas, dentro y fuera del ámbito sanitario. En los primeros compases de la crisis, la transmisión aérea del SARS-CoV-2, causante de la enfermedad, fue objeto de intenso debate, y numerosos expertos criticaron a la Organización Mundial de la Salud (OMS) por no subrayar esta vía de contagio, que con el tiempo se ha confirmado como la principal responsable de su propagación.

Ahora, un grupo internacional de médicos, científicos y expertos en salud pública e ingeniería de aerosoles pide a la OMS que dé un paso más y recomiende el uso generalizado de mascarillas tipo FFP2 para el personal sanitario, también fuera de los picos epidémicos. En una carta abierta enviada el pasado 7 de enero al director general del organismo, Tedros Adhanom, los firmantes instan a que los profesionales sanitarios utilicen esta protección “en cada encuentro, en todos los entornos sanitarios”.

 

«Estamos alarmados de que la OMS siga respaldando políticas que permiten a los sanitarios usar mascarillas quirúrgicas —o ninguna protección respiratoria— al atender a pacientes. Esta posición no solo es científicamente indefendible, sino también peligrosa»

Extracto de la carta de los expertos a la OMS

El texto está firmado por siete científicos —varios de ellos vinculados a la organización World Health Network— y ha sido respaldado por cerca de 50 expertos de alto nivel, entre ellos Martin McKee, catedrático de salud pública europea en la London School of Hygiene and Tropical Medicine, y Trisha Greenhalgh, catedrática de ciencias de la salud en atención primaria en la Universidad de Oxford. “

Estamos profundamente alarmados de que la OMS siga respaldando políticas que permiten a los trabajadores sanitarios usar mascarillas quirúrgicas —o ninguna protección respiratoria— al atender a pacientes. Esta posición no solo es científicamente indefendible, sino también peligrosa”, advierten los firmantes.

Gérmenes en el aire

La llamada transmisión aérea se produce a través de aerosoles: partículas microscópicas que expulsamos al respirar, hablar o toser y que pueden permanecer en el aire, especialmente en espacios cerrados y mal ventilados. Esta vía explica también la propagación de otras infecciones respiratorias, como la gripe o el virus respiratorio sincitial (VRS). Para reducir estos contagios, además de vacunar y de prácticas sociales, las medidas más eficaces incluyen ventilar bien, usar filtros de aire y mascarillas de alta filtración, como las FFP2.

Además de vacunar y mantener prácticas sociales adecuadas, las medidas más eficaces incluyen ventilar bien, usar filtros de aire y emplear mascarillas de alta filtración, como las FFP2

A diferencia de las quirúrgicas —holgadas y diseñadas para proteger a terceros de las gotas expulsadas al toser o estornudar—, las FFP2 sellan el rostro y filtran tanto el aire inhalado como el exhalado. Según ha explicado a The Guardian Adam M. Finkel, catedrático de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Michigan y uno de los impulsores de la iniciativa, las mascarillas quirúrgicas no se diseñaron para frenar patógenos transmitidos por el aire: “Se inventaron para evitar que médicos y enfermeras estornudaran dentro de las tripas o los corazones de los pacientes”.

Fuente: Agencia Sinc

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