La postergación de controles médicos tras el verano no solo afecta a los trabajadores, sino también a la productividad del país. Expertos advierten que implementar programas de salud en el lugar de trabajo puede reducir el ausentismo por enfermedad en cerca de un 25% y fortalecer la gestión preventiva en las organizaciones.

El retorno progresivo a la rutina laboral tras el período de vacaciones suele traer consigo una consecuencia poco visible, pero recurrente: la postergación de los chequeos de salud. 

Aunque durante el verano muchas personas manifiestan la intención de retomar controles médicos pendientes, el inicio del año laboral en febrero y marzo vuelve a dejar la salud preventiva en segundo plano. A este escenario se suma un factor determinante: el impacto económico que dejan las vacaciones y los altos gastos propios de este período, lo que lleva a muchos trabajadores a priorizar otros compromisos por sobre su bienestar.

Este fenómeno no es solo una cuestión de agenda, sino también de carga mental y financiera. Para el trabajador, el regreso implica enfrentarse al llamado “estrés de marzo”: la organización escolar, el pago de matrículas, permisos de circulación, deudas arrastradas del verano y la reactivación de proyectos pendientes en el trabajo. En ese contexto, los chequeos médicos suelen percibirse como un gasto adicional que implica tiempo, traslados y desembolsos que no siempre se consideran urgentes.

En este escenario, la salud personal se percibe como un trámite más que genera ansiedad. “El trabajador siente que ‘no tiene permiso’ para enfermarse o ausentarse apenas volviendo de vacaciones, lo que genera una presión psicológica que posterga lo importante por lo urgente”, explica Eduardo Bustorf, gerente general de Besplus, empresa dedicada a implementar programas de salud integral en las empresas.

De acuerdo con antecedentes del Ministerio de Salud, cerca del 70% de la población en edad laboral no cumple con controles preventivos regulares, siendo la falta de tiempo, los costos asociados y las exigencias laborales algunas de las principales barreras de acceso a la atención médica. Esta postergación no solo afecta la salud individual, sino que también tiene consecuencias directas en el mundo del trabajo.

Según cifras de la Superintendencia de Seguridad Social (SUSESO), millones de días laborales se pierden anualmente por licencias médicas, muchas de las cuales corresponden a patologías crónicas como hipertensión o diabetes, entre otras, que pudieron detectarse a tiempo. En esa línea, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), en su informe Promoting Health and Well-being at Work, asegura que los programas de salud y bienestar implementados en el lugar de trabajo pueden reducir el ausentismo por enfermedad en aproximadamente un 25 %, además de generar beneficios económicos para las empresas.

“El regreso al trabajo suele venir acompañado de una nueva postergación de la salud. La medicina preventiva en el lugar de trabajo permite detectar a tiempo problemas que, de otro modo, terminan en licencias médicas o ausencias prolongadas durante el año”.

Falta de tiempo y costos: una doble barrera

La Encuesta Nacional de Salud reafirma que el temor a solicitar permisos, los tiempos de traslado y los costos asociados a la atención médica son los mayores inhibidores para retomar controles preventivos. Ante este escenario, la tendencia de acercar la posibilidad de realizar chequeos o exámenes de salud al lugar de trabajo ha crecido como una solución estratégica que beneficia tanto al bienestar del colaborador como a la continuidad operacional de la compañía.

Los principales beneficios de optar por este tipo de soluciones son el “cero traslado”, lo que elimina gastos y tiempo perdido en desplazamientos a centros médicos; la detección temprana de factores de riesgo antes de que generen ausentismo; y una mejora en la productividad organizacional, al reducir la incertidumbre operativa causada por licencias imprevistas.

Más allá de las cifras, el impacto en el clima organizacional es profundo. Cuando una empresa lleva el operativo de salud a sus instalaciones, el trabajador percibe un mensaje de cuidado genuino. “Solucionarle un problema logístico y económico al colaborador, como es el acceso a la salud, es una de las formas más tangibles de hacerlo sentir valorado. No se le pide que sacrifique su tiempo ni su presupuesto personal para cuidarse, sino que la empresa facilita el espacio, reduciendo su carga mental y fortaleciendo su compromiso”, añade Bustorf.

Con marzo a la vuelta de la esquina, el llamado de los especialistas es a pasar de una actitud reactiva a una preventiva. “Acercar la salud al lugar de trabajo no es solo un beneficio, es una herramienta de gestión. Permite a las organizaciones anticiparse al impacto que el estrés, las enfermedades crónicas y la postergación de controles tienen en la productividad y el clima laboral”, concluye el ejecutivo de Besplus.

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Equipo Prensa
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