- Un creciente cuerpo de evidencia vincula las dietas basadas en plantas con menor riesgo de enfermedades crónicas, mientras organizaciones en América Latina impulsan su acceso en contextos históricamente excluidos.
En el marco del Día Mundial de la Salud, distintas voces del ámbito científico y social coinciden en un punto cada vez menos discutido: la alimentación se ha consolidado como uno de los factores más determinantes para la salud a largo plazo.
En los últimos años, múltiples estudios han reforzado la asociación entre las dietas basadas en plantas y una mejor salud general. Una revisión sistemática publicada en Critical Reviews in Food Science and Nutrition encontró que las dietas vegetarianas se asocian con una reducción significativa en el riesgo de enfermedades cardiovasculares, cáncer y mortalidad total (Dinu et al., 2017). En la misma línea, el análisis de grandes cohortes realizado por Mingyang Song y colegas en JAMA Internal Medicine evidenció que una mayor calidad en las dietas basadas en plantas se vincula con menor riesgo de enfermedad coronaria (Satija et al., 2017).
Más recientemente, un metaanálisis publicado en Frontiers in Nutrition (Huang et al., 2024) reportó que las dietas basadas en plantas están asociadas con una reducción en la mortalidad por enfermedades cardiovasculares, mientras que otra revisión en Nutrients (Wang et al., 2023) identificó mejoras consistentes en marcadores clave como el colesterol LDL, la glucosa en sangre y la inflamación sistémica.
Además, investigaciones longitudinales publicadas en revistas como The Lancet han subrayado que los patrones alimentarios saludables —con fuerte presencia de alimentos de origen vegetal— están asociados con una menor incidencia de multimorbilidad, es decir, la coexistencia de múltiples enfermedades crónicas (Afshin et al., 2019; Willett et al., 2019).
Este consenso científico también ha sido respaldado por organizaciones internacionales. La Organización Mundial de la Salud ha advertido que una dieta poco saludable es uno de los principales factores de riesgo de mortalidad global, mientras que la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura ha señalado que transformar los sistemas alimentarios es clave tanto para la salud humana como para la sostenibilidad ambiental.
En este contexto, la organización Animal Interseccional —con base en América Latina— plantea que el debate sobre salud no puede limitarse a lo biomédico ni a las decisiones individuales.
“Hablar de salud hoy implica entender que nuestras elecciones alimentarias tienen impactos directos no solo en el cuerpo humano, sino también en millones de animales y en los sistemas ecológicos que sostienen la vida”, señaló Jesica Bon Denis, fundadora y directora ejecutiva de Animal Interseccional.
En paralelo, el vínculo entre alimentación y salud también está siendo revisado desde una perspectiva sistémica. Informes como el de la Comisión EAT-Lancet Commission han advertido que los actuales patrones de consumo no solo afectan la salud humana, sino que también están directamente relacionados con el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y el uso intensivo de recursos naturales.
En ese marco, el Día Mundial de la Salud se presenta como una oportunidad para ampliar la conversación y repensar los hábitos cotidianos desde una mirada integral, donde la salud no se entienda únicamente como la ausencia de enfermedad, sino como un equilibrio entre las personas, los animales y el ambiente.




















