- Experto en biología evolutiva analiza el fenómeno que tiene a zonas del país con amplia presencia de zancudos aun en pleno otoño.
Las concentraciones masivas de zancudos observadas en distintos sectores de la Región del Biobío no responden a un fenómeno extraordinario ni a la irrupción de una nueva plaga, sino a una secuencia causal vinculada directamente a alteraciones climáticas y a la forma en que los ecosistemas están reaccionando a ellas. Así lo explica Hugo Benítez, investigador del Laboratorio de Ecología y Morfometría Evolutiva del Instituto One Health de la Universidad Andrés Bello, para quien el cambio climático actúa como un detonante clave, aunque no único, en este tipo de eventos.
“El aumento explosivo es totalmente causal. Es una respuesta a que hay cambios en el ambiente. El cambio climático está generando mayores temperaturas inusuales, en meses que no son correctos para el ciclo de vida de estos grupos de individuos”, señala. En este caso, las temperaturas anormalmente altas registradas durante el otoño, particularmente entre fines de marzo y abril, produjeron un desajuste en los ciclos biológicos de los zancudos, adelantando procesos que normalmente ocurren en primavera o verano.
Desde el punto de vista biológico, el fenómeno está asociado a la diapausa, un estado de latencia que presentan muchos insectos. Los zancudos, como otros grupos, pasan por un ciclo de vida que incluye huevo, larva, pupa y adulto, realizando buena parte de este proceso en el agua. “Las larvas y pupas pueden quedar en latencia, esperando encontrar una muy buena temperatura para que salgan los adultos”, explica el biólogo y doctor en biología evolutiva. Cuando se produce un alza térmica sostenida, estas señales ambientales desencadenan la reactivación del desarrollo, lo que puede ocurrir de manera sincronizada en muchos individuos a la vez.
Eso es precisamente lo que ha ocurrido en esta temporada. “Debido al aumento inusual de las temperaturas del otoño, que se asemejan a las de primavera y verano, muchísimas larvas y pupas que estaban en periodo de latencia emergen en masa. Y eso genera estas grandes concentraciones de mosquitos en la zona”, afirma el investigador. El cambio climático, en este escenario, si bien no origina el fenómeno desde cero, pero modifica el momento y la intensidad con que se manifiesta.
Disponibilidad de agua
A esta señal climática se suma un segundo factor, la disponibilidad de agua. Humedales, charcos aislados y acumulaciones artificiales en entornos urbanos ofrecen las condiciones óptimas para el desarrollo de las fases inmaduras. “Hay presencia de agua abundante, hay acumulaciones artificiales producto del humano, y eso también es parte de la causalidad”, aclara. El problema, agrega, no es el humedal en sí, sino la interacción entre ecosistemas intervenidos y un manejo inadecuado del entorno.
La urbanización de humedales o la instalación de poblaciones en zonas que antes no tenían presencia humana altera las redes naturales de control biológico. “Construir una casa en un humedal o una población cerca de un humedal siempre va a ser una causal de conflicto. Los mosquitos van a estar ahí igual, solo que antes no había humanos”, explica. La complejidad surge cuando el asentamiento humano se superpone a un sistema que ya tenía su propia dinámica ecológica.
En ambientes naturales poco alterados, los zancudos forman parte de un equilibrio más complejo. “Estos mismos mosquitos tienen controladores naturales. Hay sapitos que se comen las larvas, hay libélulas, cuyas larvas acuáticas también se alimentan de las larvas de zancudos. Hay un ciclo muy interesante que ocurre en el agua”, detalla Benítez. Sin embargo, en cuerpos de agua estancada artificial, como maceteros, neumáticos o canaletas, ese entramado ecológico no existe.
Respecto a su duración, Benítez explica que lo más probable es que el evento disminuya de manera progresiva a medida que bajen las temperaturas y avance el otoño. Sin embargo, advierte que mientras persistan concentraciones de agua y condiciones templadas, pueden seguir ocurriendo apariciones localizadas. En el largo plazo, la preocupación apunta a la recurrencia. “Si estas temperaturas cálidas fuera de temporada se vuelven más frecuentes, estos eventos pueden repetirse, adelantarse o prolongarse. Eso es consistente con escenarios asociados al cambio climático y a la transformación del paisaje”, concluye.




















