El Mundial 2026 ya es el más extenso de la historia: 48 selecciones, 104 partidos y un camino en el que los finalistas deberán disputar ocho encuentros. Detrás de esa cifra hay una exigencia concreta: más minutos de competencia, viajes, cambios horarios, calor y rivales de élite, con poco margen para recuperar. En ese escenario, prevenir lesiones no puede ser una reacción cuando aparece el dolor; debe comenzar antes del debut.

El cuerpo de un futbolista tolera cargas muy altas, pero no ilimitadas. Las lesiones musculares, las sobrecargas y las molestias articulares aparecen con mayor probabilidad cuando la exigencia supera la capacidad de respuesta del deportista. En un torneo corto, ese desbalance puede acumularse partido a partido. Un jugador fatigado no solo corre menos: frena peor, reacciona más tarde, cambia de dirección con menor control y decide bajo presión. Allí la lesión deja de ser un hecho fortuito y pasa a ser un riesgo que puede gestionarse.

Por eso, el trabajo precompetitivo es decisivo. Llegar bien no significa entrenar más, sino entrenar mejor. Antes del torneo se construye la base que permite repetir aceleraciones, frenadas, saltos, contactos y cambios de dirección sin aumentar innecesariamente el riesgo. Los calentamientos estructurados impulsados por la FIFA, por ejemplo, no son una rutina decorativa: combinan fuerza, equilibrio, coordinación, movilidad, saltos y carrera progresiva para preparar al cuerpo para gestos explosivos. Bien aplicados, ayudan a reducir lesiones y mejoran capacidades útiles para competir, como estabilidad, agilidad y potencia.

La prevención también exige leer señales tempranas. Fatiga que no cede, molestias que reaparecen, pérdida de fuerza, mal sueño o bajo rendimiento no deberían normalizarse como simples “dolores del fútbol”. Muchas lesiones por sobrecarga se anuncian en detalles pequeños. Detectarlos a tiempo permite ajustar cargas antes de que el problema obligue a parar.

La recuperación es otra parte del entrenamiento. Dormir bien, hidratarse, alimentarse adecuadamente y programar descansos reales no son detalles secundarios. La FIFA incorporó pausas de hidratación en cada tiempo y ha puesto el descanso entre partidos en el centro de sus medidas de bienestar. En un Mundial, recuperar puede ser tan estratégico como preparar una jugada. Tampoco todos los jugadores llegan igual. Algunos vienen de temporadas extensas, otros de lesiones recientes y otros con pocos minutos de competencia. Aplicar la misma carga a todos es cómodo, pero no siempre seguro. La prevención moderna observa al futbolista como una persona con una historia física propia y ajusta el esfuerzo a esa realidad.

La idea de fondo es simple: cuidar al jugador no resta competitividad; la protege. Un Mundial se gana con talento, estrategia y carácter, pero también con cuerpos preparados para sostener la exigencia. El partido empieza mucho antes del pitazo inicial.

 

Dr. Marco Morales
Kinesiólogo y Doctor en Neurociencia Cognitiva Aplicada
Universidad San Sebastián

Google News Portal Red Salud

Síguenos Google Noticias 
Equipo Prensa
Portal Red Salud