Cuando hablamos de enfermedad renal crónica, muchas veces la conversación se centra en cifras, cobertura o capacidad hospitalaria. Pero detrás de cada número hay personas que deben reorganizar su vida en torno a un tratamiento permanente, exigente y de largo plazo. En la Región de Valparaíso, donde 2.780 pacientes dependen de terapias de reemplazo renal, pensar en alternativas que acerquen el tratamiento a las personas también es una forma concreta de cuidar su calidad de vida.

La reciente actualización del sistema de Garantías Explícitas en Salud (GES), que establece a la diálisis peritoneal como primera alternativa terapéutica, abre una oportunidad importante para avanzar hacia una atención más cercana, oportuna y equitativa. No se trata solo de ampliar una prestación, sino de ofrecer una modalidad que, para muchos pacientes, puede integrarse mejor a su vida cotidiana.

A diferencia de la hemodiálisis, la diálisis peritoneal permite realizar el tratamiento en el hogar, reduciendo la necesidad de traslados frecuentes a centros asistenciales. Para muchas personas de la Región de Valparaíso, especialmente aquellas que viven lejos de los principales hospitales o dependen de largos desplazamientos, esto puede marcar una diferencia significativa.

Poder dializarse en casa significa, en muchos casos, recuperar tiempo y autonomía. Significa disminuir el desgaste físico y emocional de los traslados, mantener con mayor continuidad la vida familiar y, cuando es posible, también las actividades laborales. También puede representar un alivio importante para cuidadores y entornos cercanos.

Por eso, hablar de diálisis peritoneal no es solo hablar de una alternativa clínica. Es también hablar de una forma distinta de acompañar la enfermedad, una que reconoce que el tratamiento debe responder no solo a las necesidades médicas, sino también a la realidad de cada persona.

Sin embargo, para que la diálisis peritoneal se consolide como una opción real en la región, es necesario fortalecer la capacidad de la red asistencial, ampliar la formación de los equipos de salud y asegurar un acceso oportuno a los procedimientos que hacen posible esta terapia.

La actualización del GES es un paso relevante, pero su verdadero impacto dependerá de cómo logremos implementarla en cada territorio. Acercar los tratamientos a las personas no solo mejora la atención: también reduce brechas y permite cuidar mejor.

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Equipo Prensa
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