El modelo planteado tiene el propósito de reducir las secuelas del tratamiento en pacientes oncológicos que, si bien son moderadas y acotadas, tienen una escasa detección y tratamiento.
La velocidad de procesamiento, la memoria de trabajo y la capacidad atencional, son algunas de las funcionalidades neurocognitivas más afectadas por la quimioterapia en pacientes con cáncer. El 75% de estos se presentan durante el tratamiento y un 35% en el largo plazo. Estas secuelas no deberían desincentivar el uso de la quimioterapia, sino que fomentar mayor investigación para una evaluación integral e individualizada, a fin de mejorar la comprensión de los impactos y optimizar la atención de los pacientes.
Esta es la principal conclusión de la investigación “Deterioro cognitivo inducido por la quimioterapia (CICI): Una revisión sistemática-narrativa de revisiones sistemáticas”, liderada por el académico de la Escuela de Psicología de la Facultad de Salud y Ciencias Sociales de Universidad de Las Américas, Gabriel Max Sepúlveda, junto con la neuróloga y coordinadora del Comité Nacional de Tumores del Sistema Nervioso Central, Florencia del Río; y el neuropsicólogo clínico de adultos de la Clínica Alemana, Rodrigo Vega.
El análisis presenta un modelo de evaluación en tres etapas. Primero, la aplicación de una batería de pruebas general. En segundo lugar, la administración de pruebas específicas priorizadas según dominios cognitivos afectados y, finalmente, la inclusión de medidas subjetivas que aborden las quejas cognitivas y la calidad de vida. “Este marco integrador busca mejorar la precisión y la utilidad clínica de la evaluación del deterioro cognitivo inducido por la quimioterapia (también llamado CICI)”, destaca el investigador Sepúlveda, quien añade que, en otras palabras, la investigación “propone baterías de tamizaje, instrumentos neuropsicológicos específicos y cuestionarios especializados para evaluar inicialmente estas secuelas”.
En la actualidad, la quimioterapia en una de las bases de la oncología moderna y tiene un rol fundamental en el tratamiento del cáncer, permitiendo salvar vidas con tratamientos cada vez más accesibles y eficaces. Su demanda mundial crecerá un 53% para el año 2040, escenario que, según los investigadores, “exige mejorar el acceso a los tratamientos y realizar esfuerzos coordinados para reducir sus efectos secundarios”, ya que dicha disminución aumenta la adherencia a la terapia, factor crucial para la supervivencia de los pacientes y la eficacia terapéutica.
El estudio sostiene que, siendo la quimioterapia fundamental en los procedimientos médicos para tratar el cáncer, puede generar secuelas en el funcionamiento neurocognitivo de las personas, porque, si bien son moderadas y acotadas, su detección y tratamiento es muy escaso. Generalmente, los pacientes y cercanos suelen asociar impactos como fallas de atención o memoria, ansiedad, depresión o síntomas físicos. No obstante, se trata de consecuencias en el funcionamiento del sistema nervioso que necesitan una atención especializada.
“Al priorizar la rehabilitación interdisciplinaria y el seguimiento, podemos garantizar que los pacientes con cáncer reciban el apoyo necesario para afrontar las dificultades neurocognitivas que puedan experimentar, mejorando en última instancia su calidad de vida y bienestar a largo plazo”, plantea Sepúlveda, quien añade que “este ordenamiento de lo sistematizado en la literatura científica aporta un encuadre de evaluación neurocognitiva y potencial tratamiento de estas dificultades”.
El objetivo de la investigación fue entregar una revisión integral y crítica de las secuelas neurocognitivas más relevantes asociadas al CICI, organizadas por dominios y subdominios, y ofrecer una visión sintética de los instrumentos de evaluación más empleados para su detección (baterías de pruebas general, tareas cognitivas específicas y cuestionarios subjetivos). Se sistematizaron los resultados de 29 revisiones sistemáticas.
Los investigadores explican que “al vincular explícitamente las alteraciones específicas de cada dominio con las herramientas de evaluación correspondientes, esta revisión aborda la brecha señalada por Oliva y colaboradores en 2024, proporcionando un marco con orientación clínica que puede guiar la evaluación del deterioro cognitivo inducido por quimioterapia en contextos donde no se disponga de pruebas validadas específicamente para pacientes con cáncer o complementar las evaluaciones existentes cuando dichas pruebas sí estén disponibles”.

























