Los hombres de 65 a 75 años concentran la mayor mortalidad por síndrome de dependencia del alcohol, y el tramo de 65 a 79 registra la mayor tasa de egresos hospitalarios por cirrosis alcohólica, según estudios publicados en 2025 y 2026 basados en registros del Ministerio de Salud y del INE. Entre los factores que pueden favorecer el consumo problemático están la soledad, las pérdidas de la etapa —jubilación, viudez, problemas de salud— y los hábitos de consumo prolongados. Según un reporte de 2025 del Observatorio del Envejecimiento UC-Confuturo, basado en datos de 2022, el 49,2% de las personas mayores experimenta sentimientos de soledad, cifra que llega al 65,5% entre los hombres sin pareja. El Dr. Matías Ibáñez, médico experto en adicciones y fundador de Clínica Pellet Chile, advierte que en esta etapa el alcohol puede dejar de ser social y pasar a cumplir la función de apagar la angustia o llenar los vacíos que dejan las frustraciones propias de la edad. El consumo problemático no necesariamente es diario: las lagunas de memoria y los síntomas depresivos asociados al consumo son señales de alerta que requieren evaluación y no deben atribuirse automáticamente a la vejez.
Los hombres de 65 a 75 años tienen las tasas más altas de mortalidad por síndrome de dependencia del alcohol en Chile. Así lo concluye un análisis de las bases del DEIS del Ministerio de Salud entre 2016 y 2024, que registra 1.662 defunciones en el período y asocia ese peak al cambio en el metabolismo del alcohol propio del envejecimiento. Para el Dr. Matías Ibáñez, médico experto en adicciones y fundador de Clínica Pellet Chile, el dato coincide con lo que ve en su consulta: “Cada vez hay más personas sobre 65 años que llegan con un consumo que arrastran desde hace décadas y que se disparó cuando se quedaron sin rutina, sin pareja o sin compañía. La jubilación, la viudez y la soledad no crean la adicción, pero son la excusa: el vaso pasa a llenar las horas y el silencio, y en la casa nadie levanta la alerta”.
La cirrosis confirma el patrón: entre 1997 y 2024 causó 116.145 muertes, el 3% de todas las defunciones del país, con una edad promedio de fallecimiento de 63,6 años, una mortalidad 1,7 veces mayor en hombres y el alcohol como primera causa (18,5%), según un estudio con datos DEIS presentado en el LI Congreso Chileno de Gastroenterología de 2025. En la cirrosis específicamente alcohólica el sesgo es todavía mayor: de las 20.918 muertes registradas entre 1997 y 2022, el 85% fue de hombres (seis por cada mujer) y los grupos más afectados fueron los de 40 a 59 y 60 a 79 años, con Ñuble, Biobío y Aysén como las regiones de mayor tasa.
Las cifras van a contracorriente del balance país. La mortalidad por cirrosis bajó 40,5% en 28 años y la de cirrosis alcohólica 53,7% entre 1997 y 2022, según cifras del Departamento de Estadísticas e Información de Salud (DEIS), y un informe de IARD con datos de la OMS, difundido en junio de 2026, indica que la mortalidad atribuible al alcohol cayó 21% desde el año 2000 y el consumo per cápita 13,3% entre 2010 y 2019. Pero esa baja se observa sobre todo en las generaciones más jóvenes. En Chile se visibiliza el consumo en la juventud; en las personas mayores es donde se paga la cuenta más alta.
¿Por qué se bebe más a esa edad?
Soledad no deseada. El 49,2% de las personas mayores en Chile la declara y el 55,5% está en alto riesgo de aislamiento social (Observatorio del Envejecimiento UC-Confuturo, 2025, sobre la VI Encuesta de Calidad de Vida en la Vejez UC-Caja Los Andes). El dato más revelador está en los hombres: entre los que no tienen pareja, el 65,5% se siente solo; con pareja, 33%. Es el perfil con mayor probabilidad de mezclar alcohol y medicamentos sin receta, combinación que declara el 12,8% de los mayores de 60, según un estudio publicado en la Revista Médica de Chile (2024) a partir de la encuesta de SENDA a personas de 60 años y más».
El peso de las pérdidas. Jubilación, viudez, nido vacío, dolor crónico, insomnio y menos ingresos son cambios abruptos de rutina e identidad. La Encuesta de Bienestar Social 2025 (MDSF, agosto 2026) estima que 1,5 millones de adultos en Chile se sienten solos “casi siempre” o “siempre”. En ese escenario, el alcohol aparece como un sedante o una válvula de escape disponible y aceptada para rellenar el tiempo o inducir el sueño. “Muchas veces el consumo no es el problema de fondo, sino la forma de manejar ansiedad, depresión o malestar emocional. Funciona como una válvula de escape momentánea, pero después el costo es mayor”, señala el Dr. Matías Ibáñez.
Dependencia arrastrada. «Las personas de 45 a 64 años son, junto a las de 26 a 34, las que más beben en Chile (31,7% en el último mes, según el último Estudio Nacional de Drogas en Población General de SENDA, presentado en diciembre de 2025)». lo que ayuda a explicar que las muertes por cirrosis alcohólica se concentren en dos tramos seguidos, 40-59 y 60-79: es el mismo segmento que entra a la vejez con treinta años de hábito. “La mayoría de estas personas no bebe para divertirse. Bebe para llenar un vacío, para calmar una sensación de desconexión o para soportar el silencio. Cuando el alcohol empieza a cumplir esa función emocional, deja de ser un hábito social y se transforma en una señal de alerta”, explica el especialista.
Otro factor es que con los años baja la masa muscular y el agua corporal, el hígado metaboliza más lento y aumentan los fármacos diarios. La misma cantidad que a los 50 parecía manejable, a los 65 produce más alcohol en sangre, más interacciones con medicamentos y más riesgo de caídas, amnesia, insomnio y deterioro cognitivo. “La voluntad sola rara vez es suficiente para vencer una adicción: el cerebro con dependencia ha cambiado físicamente. En el paciente mayor, además, se debilita el juicio crítico sobre su propio estado y la familia normaliza los síntomas, atribuyendo a la vejez lo que es una dependencia activa”, advierte el Dr. Matías Ibáñez.
Señales de alerta que no son “cosas de la edad”:
- Caídas, tropiezos o golpes frecuentes sin una explicación clara.
- Amnesia post-consumo: no recordar lo que se hizo o dijo después de beber.
- Ánimo depresivo o irritabilidad inusual al día siguiente de consumir.
- Insomnio o somnolencia diurna, sobre todo si se mezclan tranquilizantes con alcohol.
- Aislamiento, beber a escondidas, en solitario o desde temprano, y promesas de moderación que no se cumplen.
Existe el mito de que a cierta edad “ya no vale la pena” tratarse. “Las adicciones son una enfermedad crónica y tratable a cualquier edad. Cuando una persona mayor deja el alcohol, mejora la claridad mental, el sueño y la energía, y el hígado empieza a recuperarse; a los 30 días ya se nota”, afirma el Dr. Matías Ibáñez. El modelo que desarrolló en Clínica Pellet Chile, con más de 5.200 pacientes atendidos en el país, combina evaluación médica, implante subcutáneo de liberación prolongada, acompañamiento psicológico, apoyo familiar y actividad física. “El pellet es el bote: los pone a flote. Pero para llegar a la orilla tienen que remar, y remar solos no alcanza”, resume.
Las personas de 65 años y más ya son el 14% de la población, según el último Censo. El bebedor maduro que envejece con su hábito es un problema de salud pública que todavía se mira poco. “Si un hijo lee esto pensando en su padre, o pensando en sí mismo, la idea es una sola: la edad no protege del alcohol, lo hace más peligroso, y pedir ayuda a tiempo cambia el final de la historia”, concluye el Dr. Matías Ibáñez.
Más información en www.clinicapelletchile.cl y en el Instagram @clinicapelletchile

























