Una rigidez breve que mejora al comenzar a moverse puede ser habitual. Sin embargo, cuando supera los 30 minutos, se repite o aparece acompañada de dolor e inflamación, puede ser una señal para solicitar una evaluación profesional.

Despertar con las manos, rodillas, caderas u otras articulaciones “tiesas” suele atribuirse al frío, a una mala postura o simplemente a la edad. Sin embargo, el tiempo que tarda esa sensación en desaparecer puede aportar información relevante para distinguir una molestia pasajera de un posible problema articular.

En el marco del Día Mundial de la Artritis, que se conmemora cada 12 de octubre, especialistas llaman a observar no solo la presencia de rigidez al despertar, sino también su duración, las articulaciones afectadas y si aparece junto con dolor, inflamación o dificultades para realizar actividades cotidianas.

Diana Mejías, kinesióloga de Clínica CRL, explica que los periodos prolongados de inactividad durante la noche pueden generar rigidez en las articulaciones y los tejidos blandos que las rodean. No obstante, esta manifestación también puede estar relacionada con patologías como la artrosis o la artritis reumatoide. “Cuando la rigidez dura menos de 15 minutos puede considerarse habitual, si dura más de 30 minutos es necesario consultar con un especialista”, señala.

La duración puede entregar una primera pista

La rigidez matinal no permite establecer por sí sola un diagnóstico, pero sus características pueden orientar la evaluación. De acuerdo con el Ministerio de Salud en  la artrosis de cadera o rodilla la rigidez suele durar menos de 30 minutos y el dolor puede ser más intenso al comenzar a caminar para luego disminuir con el movimiento.

En enfermedades inflamatorias como la artritis reumatoide, en cambio, la rigidez puede prolongarse durante más tiempo y estar acompañada de inflamación. Mejías explica que esta diferencia puede ayudar a orientar la búsqueda de la causa y determinar las medidas más adecuadas para cada persona.

La artrosis y la artritis tampoco corresponden al mismo cuadro. Mientras la primera se relaciona con dolor articular y limitaciones variables de la funcionalidad, la artritis reumatoide es una enfermedad inflamatoria sistémica que puede involucrar otros órganos.

“La artritis corresponde a un dolor crónico inflamatorio en un contexto de patología sistémica, con posible compromiso de otros órganos; mientras que la artrosis es un síndrome clínico caracterizado por dolor articular que limita en ciertos grados la funcionalidad y calidad de vida”, sostiene la kinesióloga.

El reposo por miedo al dolor puede reducir la movilidad

Cuando una persona despierta con molestias, la reacción puede ser evitar el movimiento. Sin embargo, permanecer inactivo puede favorecer una mayor pérdida de fuerza, movilidad y funcionalidad.

“Lo más conveniente es comenzar con movilidad gradual en las articulaciones ya que el reposo por miedo al dolor sería una opción negativa para esta patología disminuyendo la fuerza muscular, la movilidad y la funcionalidad en las actividades de la vida diaria”, advierte Mejías.

Durante los primeros minutos de la mañana pueden realizarse movimientos suaves y progresivos, como estiramientos de las articulaciones afectadas y ejercicios circulares o pendulares. El tipo de actividad debe adaptarse a la condición de cada persona y no debería aumentar significativamente el dolor.

Se recomienda consultar cuando la rigidez dura más de 30 minutos, se presenta de forma recurrente, aparece acompañada de dolor o inflamación, interfiere con las actividades diarias o existen antecedentes familiares de enfermedades autoinmunes. Una evaluación médica o kinésica permitirá determinar la causa y definir si el movimiento, el ejercicio terapéutico u otro tratamiento resultan apropiados.

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Equipo Prensa
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