Despertar con las manos, rodillas o pies “tiesos” puede parecer una molestia menor, especialmente cuando desaparece después de comenzar a moverse. Sin embargo, cuando esa rigidez se mantiene durante varios minutos, aparece de manera recurrente o se acompaña de inflamación y dolor, puede ser una señal que conviene observar con mayor atención.
En Chile, los registros de la Superintendencia de Salud contabilizaban 89.126 personas notificadas con artritis reumatoide a junio de 2022, de las cuales 72.147 pertenecían a Fonasa y 16.979 a Isapres. Investigadores chilenos han advertido que la cifra podría ser mayor debido a que estos registros dependen de la notificación realizada por especialistas.
A nivel mundial, la Organización Mundial de la Salud estima que 18 millones de personas viven con artritis reumatoide, una enfermedad inflamatoria crónica que puede comprometer la movilidad y las actividades cotidianas. Cerca del 70% de quienes la presentan son mujeres y 13 millones tienen cuadros moderados o graves que podrían beneficiarse de rehabilitación.
Para Diana Mejías, kinesióloga de Clínica CRL, una de las señales que puede orientar una evaluación es justamente cuánto tiempo demora la articulación en recuperar su movilidad durante la mañana.
“Cuando la rigidez dura menos de 15 minutos puede considerarse habitual, pero si dura más de 30 minutos es necesario consultar con un especialista”, explica. La duración, agrega, no permite hacer un diagnóstico por sí sola, pero puede entregar información relevante cuando se analiza junto con otros síntomas.
En la artrosis, por ejemplo, la rigidez suele ser más breve, mientras que en cuadros inflamatorios como la artritis reumatoide puede prolongarse y acompañarse de inflamación articular. Por eso, fijarse solo en el dolor puede hacer que otras señales pasen inadvertidas.
El problema es que muchas personas tienden a asociar este tipo de molestias al envejecimiento y optan por moverse menos. Sin embargo, desde la rehabilitación, el reposo prolongado puede jugar en contra.
Moverse también forma parte del tratamiento
“Lo más conveniente es comenzar con movilidad gradual en las articulaciones, ya que el reposo por miedo al dolor puede disminuir la fuerza muscular, la movilidad y la funcionalidad en las actividades de la vida diaria”, señala Mejías.
Movimientos suaves, estiramientos de las articulaciones afectadas y ejercicios progresivos pueden ayudar a recuperar movilidad, siempre considerando la condición de cada persona. La especialista también menciona ejercicios circulares o pendulares y trabajo de fuerza con bandas elásticas como alternativas que pueden incorporarse de manera individualizada.
La rehabilitación tiene además un rol reconocido en el manejo de la artritis reumatoide. La OMS señala que puede contribuir a mantener la actividad, la independencia y la capacidad de realizar tareas cotidianas, además de mejorar la movilidad articular y la fuerza muscular.
Mejías recomienda consultar cuando la rigidez supera los 30 minutos, aparece acompañada de dolor e inflamación, interfiere con las actividades diarias o existen antecedentes familiares de enfermedades autoinmunes.
“El objetivo no es dejar de moverse por miedo al dolor, sino entender qué está provocando esa rigidez y mantener la mayor funcionalidad posible. Cuando los síntomas se repiten o comienzan a limitar las actividades cotidianas, es importante evaluarlos y definir qué tipo de movimiento o rehabilitación resulta más adecuado para cada persona”, concluye.

























