Ya está en pleno el verano en Chile y quienes tienen más años saben que es diferente a los de décadas pasadas. El aumento sostenido de las temperaturas, la presencia de olas de calor más frecuentes y una radiación UV que supera registros históricos han transformado la estación más esperada del año en un escenario que demanda nuevas medidas de autocuidado.

Según el Informe del Estado del Medio Ambiente del Ministerio del Medio Ambiente, entre 2000 y 2019 prácticamente todo Chile alcanzó valores de radiación ultravioleta en categorías de riesgo extremo durante el verano, evidenciando tendencias de exposición crecientes y la necesidad de reforzar las medidas de protección.

Cuidado de la piel

En este contexto, la protección solar deja de ser un gesto estacional para convertirse en una rutina de salud imprescindible. Según comenta el doctor Johan Echeverry, médico de Los Leones Interclínica, los hábitos tradicionales se están quedando cortos frente a la realidad actual. “La radiación que enfrentamos hoy no es la misma de hace diez o quince años. La piel se daña más rápido y con mayor profundidad. No basta con ponerse protector en la mañana: hay que reaplicarlo, usar ropa adecuada y planificar la exposición”, señala.

Para el especialista, la idea de que el daño solar solo ocurre en la playa es un mito que debe desterrarse. “Caminar al trabajo, esperar la micro o almorzar al aire libre ya implica una carga de radiación significativa”, agrega.

Otros efectos frecuentes del calor

Pero la piel no es la única afectada. El calor extremo representa un desafío creciente para la salud general. Cada verano se registran más episodios de agotamiento y deshidratación, especialmente entre niños pequeños, personas mayores y quienes trabajan al aire libre.

Las temperaturas elevadas impactan directamente el funcionamiento del organismo. “El cuerpo trabaja más para mantener su equilibrio térmico. El corazón late más rápido, perdemos líquidos con mayor facilidad y cualquier enfermedad crónica puede descompensarse. El calor ya no es algo que podamos tomar a la ligera”, comenta el especialista de Los Leones Interclínica.

Aunque parezca sencillo, hidratarse adecuadamente puede prevenir cuadros graves. “No es esperar a tener sed: es anticiparse. En olas de calor, el cuerpo necesita más agua de la que creemos”, afirma. Trabajadores de la construcción, del área de delivery y del comercio ambulante se cuentan entre los grupos más expuestos y menos protegidos, una brecha que debería abordarse con medidas de prevención y educación.

La alimentación también se vuelve un punto crítico con las altas temperaturas. El calor acelera la descomposición de las comidas y aumenta los riesgos de intoxicaciones, especialmente durante viajes, picnic o camping, donde la cadena de frío puede romperse. Según explica el doctor Cristian Salazar, especialista de Tarapacá Interclínica: “Los cuadros gastrointestinales se disparan en estos meses y la manipulación segura es clave para evitar emergencias evitables en servicios de urgencia”.

Y por si fuera poco, la sequía que afecta a muchas zonas del país también altera la calidad del aire, más seco y cargado de partículas, lo que puede exacerbar cuadros de alergias y problemas respiratorios. Según comenta el doctor Salazar, el aumento del polvo en suspensión y la mayor presencia de alérgenos pueden afectar tanto a personas con historial alérgico “como a quienes nunca han tenido síntomas, un comportamiento que también se ha intensificado con el cambio climático”.

Bienestar integral

Incluso la salud mental se ve afectada por un verano más extremo. El sueño se altera, la irritabilidad aumenta y la sensación de agotamiento emocional se vuelve más frecuente, sobre todo en entornos urbanos densos, donde las “islas de calor” mantienen las temperaturas elevadas hasta altas horas de la noche. “No es exageración ni alarma innecesaria. Son reacciones reales del cuerpo y la mente frente a condiciones que ya superan lo habitual, y deben ser reconocidas para poder regular el descanso y cuidar el bienestar emocional”, explica el especialista.

Finalmente, la exposición solar extrema tampoco perdona la salud visual. La radiación UV puede dañar la córnea y la retina, por lo que el uso de lentes certificados —no imitaciones— se convierte en un acto básico de protección. “Y si el verano se vive en playas, ríos o piscinas, las precauciones deben extenderse a la seguridad en el agua, un ámbito donde los accidentes por inmersión y el consumo de alcohol aún representan un riesgo”, detalla el doctor Salazar.

Chile enfrenta un verano que ya no es “un poquito más caluroso”. Es un escenario distinto que exige nuevas rutinas, conciencia y un compromiso colectivo con la prevención. Por ello, los especialistas coinciden en que adaptarse no es opcional; es la única manera de cuidar el bienestar en distintos frentes, en medio del nuevo panorama climático que estamos viviendo.

Google News Portal Red Salud

Síguenos Google Noticias 
Equipo Prensa
Portal Red Salud