Labios voluminosos, narices minúsculas y pieles de porcelana son algunas de las alteraciones que se pueden conseguir fácilmente mediante el uso de filtros de belleza en redes sociales, pero rara vez reflejan la verdad biológica. Esta brecha entre la imagen editada y el cuerpo real ha dado paso a términos como la «dismorfia de Snapchat» o «dismorfia de Zoom», fenómenos en los que pacientes acuden a la consulta buscando replicar un filtro para selfie, desafiando los límites éticos y anatómicos de la medicina estética.
A inicios del año pasado, Meta decidió eliminar todos los filtros de realidad aumentada creados por terceros, debido a estudios internos que sugirieron su impacto negativo en la autoimagen y autoestima de usuarios, especialmente los más jóvenes, efectos que se asocian al Trastorno Dismórfico Corporal (TDC), una condición reconocida por el Ministerio de Salud y la Asociación Americana de Psiquiatría, caracterizada por la preocupación obsesiva por defectos físicos percibidos, a menudo son inexistentes o imperceptibles para los demás.
La Dra. Montserrat Fontbona, cirujana plástica y co -fundadora de Clínica Áurea, enfatiza que el rol del profesional va más allá del bisturí: implica ser un filtro de realidad. «En la consulta es vital evaluar objetivamente la anatomía, ser honestos y responsables con el paciente y explicarle que el cuerpo tiene funciones biológicas que no podemos sacrificar por una tendencia viral. Hay resultados digitales que, simplemente, son incompatibles con la salud», explica.
El peligro de la nariz de «Barbie»
Un ejemplo claro es la tendencia que se inspira en la nariz de la famosa muñeca de Mattel: extremadamente pequeña, respingada y delgada. «Replicar un filtro en la tridimensionalidad del rostro es complejo. Forzar una nariz muy estrecha puede provocar una obstrucción nasal que impide el flujo adecuado de oxígeno. Como médicos, acceder a realizar procedimientos que perjudican la salud solo por estética es una falta grave a nuestro compromiso ético», advierte la Dra. Fontbona.
Señales de alerta y salud mental
El desafío actual exige que los cirujanos plásticos detecten cuando el paciente que acude a la consulta estética es motivado por una perturbación psíquica como la dismorfia corporal. La Dra. Fontbona destaca la importancia de identificar señales de alerta durante la entrevista, como una insatisfacción persistente o expectativas poco realistas.
«Si observamos que el paciente busca aliviar una obsesión o que su autopercepción está severamente distorsionada, la cirugía no es la respuesta; de hecho, podría reforzar su fijación. En esos casos, lo ético y responsable es abstenerse de operar y derivar a un profesional de salud mental para abordar el desorden de fondo», concluye la especialista de Clínica Aurea, haciendo un llamado a priorizar siempre el bienestar integral de la persona.
En definitiva, el médico a cargo debe ofrecer tanto su experiencia y profesionalismo como orientación responsable y acompañamiento, cuidando la salud física y mental del paciente, con tal de que la cirugía estética se tome con la seriedad que amerita y no como un producto de consumo digital.
























