En enero de 2026, la Organización Mundial de la Salud (OMS) confirmó dos casos de infección por virus Nipah en el estado de Bengala Occidental, India. Su evaluación inicial fue prudente: el riesgo de propagación es bajo y, tras el seguimiento de contactos, no se identificó transmisión adicional. Aun así, varios países asiáticos reforzaron los controles en puntos de entrada. Más que pánico, esta respuesta refleja una lección reciente: cuando un patógeno tiene alta letalidad y no existen contramedidas disponibles, la preparación temprana importa.
Nipah no es un virus nuevo. Desde 1998–1999, ha causado brotes esporádicos en Asia, con recurrencia en Bangladesh e India. De hecho, entre enero y agosto de 2025, Bangladesh notificó a la OMS cuatro casos confirmados, todos fatales, en distritos diferentes y sin vínculo epidemiológico entre sí. Su reservorio natural son los murciélagos frugívoros, y el salto a humanos puede ocurrir por contacto directo con animales infectados (como murciélagos o cerdos) o por la ingestión de alimentos contaminados con saliva, orina o heces desde estos animales. El virus puede transmitirse entre seres humanos, lo cual ocurre cuando hay contacto estrecho y sostenido con una persona infectada, principalmente en entornos de atención de la salud. La gravedad de la infección es un factor crítico, ya que la letalidad suele estimarse entre el 40 y el 75%, presentándose con enfermedad respiratoria y neurológica, sin tratamiento específico ni vacuna disponible.
¿Qué está ocurriendo a nivel mundial? Persisten eventos pequeños, localizados y repetidos que pueden amplificarse si fallan la detección clínica, el diagnóstico oportuno y las medidas de prevención en los hospitales. Por eso, la OMS considera al virus Nipah un patógeno prioritario para el cual se debe acelerar la investigación y el desarrollo de diagnósticos, terapias y vacunas.
La buena noticia es que la ciencia se está moviendo: en diciembre de 2025 se inició en Bangladesh el primer ensayo clínico fase II de una vacuna candidata (aún en investigación), impulsado por la Coalition for Epidemic Preparedness Innovations junto con la Universidad de Oxford, y se planifica contar con dosis de reserva para responder con rapidez ante futuros brotes.
La conclusión es simple: Nipah no requiere titulares apocalípticos; requiere sistemas que funcionen, vigilancia integrada, capacidad diagnóstica, control de infecciones y comunicación de riesgos basada en evidencia.























