Durante las vacaciones, el consumo de comidas abundantes y alcohol lleva a muchas personas a usar omeprazol como protector gástrico. Especialistas advierten que automedicarse no es inocuo.
Asados, salidas frecuentes a comer fuera de casa, cambios de horario y mayor consumo de alcohol suelen marcar el ritmo de las vacaciones. En ese contexto, no son pocos quienes incorporan el omeprazol como una suerte de seguro preventivo frente a la acidez, el ardor o la pesadez estomacal. La idea de “tomarlo antes de comer” se ha vuelto habitual, pero no está exenta de riesgos.
Según explica Fernando Torres, toxicólogo y director de la Escuela de Química y Farmacia UNAB, el omeprazol pertenece al grupo de inhibidores de la bomba de protones (IBP) y está indicado para tratar patologías específicas como el reflujo gastroesofágico, las úlceras gástricas y la hiperacidez persistente.
“Su acción no es inmediata ni superficial. Reduce la producción de ácido desde su origen a nivel celular. Precisamente por ese mecanismo potente, no debe confundirse con un antiácido de uso ocasional”, aclara el académico.
Torres precisa que el problema no es el medicamento en sí, sino la forma en que se utiliza. “Existe la percepción de que el omeprazol es un fármaco inofensivo, cuando en realidad su uso indiscriminado y sin supervisión profesional puede generar efectos adversos”.
Efectos a corto y largo plazo
En el corto plazo, el especialista subraya que la disminución sostenida del ácido gástrico puede favorecer infecciones intestinales e incluso aumentar el riesgo de neumonía, ya que el ácido cumple un rol protector frente a microorganismos. Además, el alivio de síntomas puede ocultar señales de alerta de enfermedades más graves, retrasando diagnósticos oportunos.
A largo plazo, indica que el uso prolongado e innecesario de omeprazol se ha asociado a deficiencia de vitamina B12, alteraciones en la absorción de minerales, mayor riesgo de fracturas óseas y desequilibrios electrolíticos. A esto se suma un aspecto poco considerado: “las interacciones con otros medicamentos, como anticoagulantes, antivirales o antifúngicos, que pueden modificar su eficacia o aumentar efectos indeseados” advierte.
Durante las vacaciones, Torres señala que la prevención pasa menos por el omeprazol y más por los hábitos: “medidas simples y efectivas pueden cuidar la salud digestiva sin recurrir a la automedicación, como moderar el consumo de alcohol, evitar comidas excesivamente grasas o irritantes, no beber con el estómago vacío y mantenerse bien hidratado”.
El académico insiste en que el omeprazol puede ser seguro y útil cuando existe una indicación médica, con dosis y duración definidas.























