La explosión registrada este martes en Renca, aparte del daño estructural y las víctimas fatales que causó, puede tener efectos químicos y tóxicos que se generan tras una detonación de gas, como la exposición a gas, vapores y partículas que pueden afectar la salud humana.

Según explica Fernando Torres, director de la Escuela de Química y Farmacia de la Universidad Andrés Bello, la inhalación de humos y gases generados en explosiones e incendios puede provocar irritación intensa de nariz, garganta y pulmones, tos persistente, broncoespasmos y dificultad respiratoria. “En escenarios más complejos, algunos gases desplazan el oxígeno del aire, lo que puede derivar en mareos, náuseas, confusión e incluso pérdida de conciencia” añade.

El experto indica que uno de los mayores peligros es el monóxido de carbono, un gas frecuente en incendios, que interfiere con el transporte de oxígeno hacia órganos vitales. “Su exposición puede causar dolor de cabeza, debilidad, alteraciones neurológicas y, en casos graves, daño cerebral o muerte. A esto se suma la irritación ocular y cutánea provocada por vapores calientes y contaminantes, que generan ardor, lagrimeo y lesiones en la piel”, subraya.

Luego de las llamas

Sin embargo, el riesgo no siempre termina cuando se apagan las llamas. Torres advierte que la exposición prolongada a compuestos orgánicos volátiles, benceno u otros derivados de combustibles puede aumentar el riesgo de enfermedades respiratorias crónicas y, en ciertos casos, de cáncer u otros daños sistémicos.

Frente a estos eventos, recomienda que “las personas cercanas al siniestro deben acatar de inmediato las órdenes de evacuación, evitar permanecer al aire libre si hay humo visible u olores intensos y cerrar puertas, ventanas y sistemas de ventilación si se encuentran en zonas menos críticas. También se debe evitar encender fuego, fumar o usar aparatos eléctricos que puedan generar chispas”.

Asimismo, recalca que el uso de mascarillas de alta eficiencia, como N95 o FFP2, puede ayudar a reducir la inhalación de partículas en suspensión cuando la exposición es inevitable. “Ante síntomas como dolor de cabeza, mareos, náuseas, dificultad para respirar o confusión, se debe buscar atención médica de inmediato”, insiste.

Niños, adultos mayores, personas con asma, EPOC o enfermedades respiratorias, y mujeres embarazadas constituyen los grupos más vulnerables. Para ellos, la recomendación es evitar completamente la exposición y seguir estrictamente las indicaciones de las autoridades sanitarias y de emergencia.

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Equipo Prensa
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