Por estos días, lograr un buen dormir se ha convertido en una meta esquiva para miles de chilenos. A la ya masiva presencia de melatonina, se suman con fuerza fármacos como la zopiclona y productos de venta más libre como Neurexan. ¿Qué tan seguros y eficaces son? ¿Cuándo es hora de detener la automedicación y consultar a un profesional? Francisco Álvarez, académico de Química y Farmacia de la Universidad Andrés Bello, sede Viña del Mar, entrega claves para decidir con evidencia y prudencia.
“Además de la melatonina, en Chile se utilizan con frecuencia medicamentos como la zopiclona —un hipnótico que actúa sobre receptores GABA y se indica para el tratamiento del insomnio— y también productos de venta más libre como Neurexan, que se promociona para el estrés y trastornos leves del sueño”, explica Álvarez.
Según el académico de la UNAB, la zopiclona puede ser una herramienta útil para conciliar o mantener el sueño. Sin embargo, advierte que no es inocua ni debe prolongarse sin supervisión. “La zopiclona puede ser efectiva para iniciar o mantener el sueño, pero su uso prolongado puede generar tolerancia, dependencia y somnolencia residual al día siguiente. Por eso se recomienda sólo por períodos cortos y con supervisión médica”, puntualiza.
Respecto a Neurexan, el especialista llama a distinguir promesas comerciales de la evidencia disponible. “En este caso, la evidencia científica sobre su eficacia es limitada, ya que corresponde a un producto de base homeopática o con concentraciones muy bajas de principios activos; por ello, aunque su perfil de seguridad suele ser alto, su beneficio clínico puede ser variable y no debería reemplazar una evaluación médica cuando el insomnio es persistente”, sostiene.
“Alternativas naturales”
La oferta de “alternativas naturales” —como valeriana, pasiflora o manzanilla— también crece, impulsada por la percepción de seguridad. Álvarez introduce matices clave: “Algunos productos naturales como valeriana o pasiflora pueden tener un efecto leve para favorecer el sueño o disminuir la ansiedad en casos de insomnio leve, pero la evidencia científica es más limitada que la de los medicamentos”, indica.
“Además, ‘natural’ no significa libre de riesgos: pueden potenciar el efecto de sedantes, interactuar con otros fármacos o provocar somnolencia excesiva. También existe variabilidad en la calidad y concentración de los productos disponibles en el mercado”, agrega el químico farmacéutico.
El mayor riesgo, subraya el académico de la U. Andrés Bello, está en la autoprescripción prolongada y en el ocultamiento de causas de fondo del insomnio. “El uso prolongado de ayudas para dormir, especialmente medicamentos sedantes, puede generar tolerancia, dependencia y deterioro cognitivo o somnolencia diurna, lo que aumenta el riesgo de accidentes. Incluso los productos naturales pueden causar interacciones con otros tratamientos”, advierte.
“La automedicación también puede ocultar problemas de salud que están detrás del insomnio, como ansiedad, depresión, apnea del sueño o enfermedades metabólicas, retrasando un diagnóstico adecuado”, añade.
Recomendaciones
¿Cuándo dejar la automedicación y pedir ayuda profesional? Álvarez entrega criterios prácticos:
“Es recomendable consultar cuando el insomnio dura más de dos o tres semanas, cuando la persona necesita aumentar las dosis para poder dormir o cuando aparecen somnolencia diurna intensa, problemas de memoria, ronquidos fuertes o pausas respiratorias durante la noche”, señala.
“También es importante buscar evaluación médica si el insomnio se asocia a estrés intenso, ansiedad o depresión, ya que en esos casos el tratamiento debe abordar la causa y no sólo el síntoma”, enfatiza Álvarez.
Finalmente, el académico UNAB remarca que ningún fármaco reemplaza una buena higiene del sueño. “La base para un buen descanso son los hábitos. Mantener horarios regulares para acostarse y levantarse, evitar pantallas y luz intensa antes de dormir, reducir la cafeína en la tarde, realizar actividad física regular y mantener el dormitorio oscuro y silencioso son medidas que tienen más impacto a largo plazo que cualquier medicamento”, concluye.
























