- Un consumo moderado de estas bebidas, de una a tres tazas al día, mejora ligeramente la función cognitiva, en contraste con las descafeinadas que no muestran efectos significativos.
La enfermedad de Alzheimer impacta a millones de personas y se proyecta que su prevalencia aumentará, subrayando la importancia de investigar factores modificables como la dieta. Aunque se ha explorado la relación del café y el té con la salud cognitiva, los resultados no son concluyentes, especialmente al diferenciar entre el café con cafeína y el descafeinado.
Un equipo de investigadores liderado por el Dr. Yu Zhang, del Departamento de Nutrición de la Universidad de Harvard, EE. UU., buscó determinar las asociaciones entre la ingesta de café y té, diferenciando entre café con cafeína y descafeinado, con el riesgo de demencia y la función cognitiva.
Este estudio de cohorte prospectivo incluyó a 131.821 participantes (86.606 mujeres del Nurses’ Health Study y 45.215 hombres del Health Professionals Follow-up Study) sin cáncer, enfermedad de Parkinson o demencia al inicio. Se evaluaron las ingestas de café y té cada dos a cuatro años mediante cuestionarios de frecuencia alimentaria. La media de edad al inicio fue 46,2 años para mujeres y 53,8 años para hombres. La duración del seguimiento fue de 43 años con una mediana de 36,8 años.
Durante el seguimiento, se registraron 11.033 casos de demencia. Los resultados mostraron que una mayor ingesta de café con cafeína se relacionaba significativamente con un menor riesgo de demencia (HR: 0,82; IC 95%: 0,76-0,89). Además, la prevalencia de declive cognitivo subjetivo fue del 7,8% en el cuartil superior, frente al 9,5% en el inferior (razón de prevalencia: 0,85; IC 95%: 0,78-0,93).
En cuanto a la función cognitiva objetiva, los participantes en el cuartil más alto de consumo de estas bebidas obtuvieron un puntaje medio en la entrevista telefónica para el estado cognitivo (TICS) 0,11 puntos más elevado comparado con los del cuartil más bajo, lo que sugiere una ligera mejora en su desempeño cognitivo. El análisis dosis-respuesta mostró que el consumo óptimo eran 2-3 tazas de café con cafeína o 1-2 tazas de té al día. En contraste, el consumo de café descafeinado no mostró efectos significativos sobre el riesgo de demencia ni sobre la función cognitiva, indicando que la cafeína podría ser el principal agente neuroprotector.
En conclusión, un mayor consumo de café y té con cafeína en cantidades moderadas se asocia con un menor riesgo de demencia y una función cognitiva ligeramente mejor. Estos hallazgos sugieren un potencial papel protector de la cafeína contra el deterioro cognitivo, destacando la importancia de considerar la ingesta regular de estas bebidas en la dieta para la salud cognitiva.
























