Cada año, la llegada del invierno significa un aumento sostenido de enfermedades respiratorias. A diferencia del pasado, hoy contamos con herramientas eficaces para prevenir cuadros graves y por sobre todo, muertes evitables. Vacunarse contra la influenza y el COVID-19, no es sólo una decisión individual, sino un acto de responsabilidad colectiva.

La influenza, por su parte, dista de ser un simple resfrío. Cada invierno incrementa consultas, hospitalizaciones y uso de capacidad instalada del sistema, especialmente en los grupos de riesgo, como son: personas mayores, embarazadas, niños pequeños y pacientes crónicos. La vacuna anual, actualizada según las cepas circulantes, no es la misma del año pasado, reduce significativamente el riesgo de complicaciones y fallecimientos, por lo que prevenir casos graves es una necesidad.

El COVID-19, aunque con menor impacto que en los primeros años de pandemia, continúa circulando. Los refuerzos por medio de la vacunación permiten mantener protección frente a enfermedad grave y muerte, particularmente en grupos de riesgo. La experiencia nacional – ampliamente destacada en el mundo – demostró que la vacunación es clave para disminuir la mortalidad, especialmente si se logran números que permitan la inmunidad de rebaño. Por lo tanto, no podemos retroceder todo lo avanzado.

Juan Cristóbal Guerrero 
Director Carrera de Kinesiología
Universidad San Sebastián Sede De la Patagonia

 

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