El estrés crónico se ha convertido en uno de los principales problemas de salud mental en Chile. Según una encuesta realizada por IPSOS (2024), más del 70% de la población declara vivir con estrés constante, mientras que más de la mitad presenta síntomas compatibles con ansiedad o depresión. Estos niveles sostenidos de tensión no sólo afectan el bienestar emocional: también disminuyen la eficiencia del funcionamiento cerebral cotidiano, especialmente en los procesos de memoria.
La sobrecarga mental, explican los especialistas, impacta estructuras cerebrales como el hipocampo, clave en la consolidación de recuerdos.
Pérdida de eficiencia cerebral
Cuando el estrés se sostiene en el tiempo, el exceso de cortisol altera procesos como la codificación y recuperación de información. “Las personas comienzan a experimentar olvidos frecuentes, dificultades para organizarse y una sensación de estar mentalmente sobrepasadas”, explica la Dra. Miriam Pardo Fariña, académica de Psicología de la Universidad Andrés Bello, sede Viña del Mar.
Entre las señales más comunes destaca la incapacidad de mantener la atención en tareas sencillas y sostenidas. “Muchos describen episodios de quedarse con la mente en blanco, lo que se relaciona con una sobrecarga del sistema nervioso”, añade la psicóloga. Esta distractibilidad incrementada, afirma, es uno de los indicadores más claros de fatiga mental crónica.
Fenómeno variable y reversible
A diferencia de los trastornos cognitivos severos, la pérdida de memoria asociada al estrés no es constante ni progresiva. “Hay días buenos y otros más difíciles; cuando la persona descansa mejor, cuida su sueño y reduce situaciones estresoras, suele recuperarse con rapidez”, sostiene la Dra. Pardo.
La académica de la UNAB enfatiza que estas dificultades se relacionan con la atención y la memoria de corto plazo: “Si no logramos prestar atención, es imposible retener lo que ocurre a nuestro alrededor, ya sea en una conversación o al leer un texto”, dice.
La constancia del deterioro es lo que marca la diferencia. En los cuadros avanzados, explica la Dra. Pardo, “la persona no mejora, aunque descanse; además, presenta problemas en funciones como el lenguaje, la orientación o la autonomía, lo que no ocurre con el estrés crónico”. Por eso recomienda consultar oportunamente, ya que existen tratamientos paliativos que mejoran la calidad de vida del paciente.
Hábitos protectores
Dormir lo suficiente, hacer pausas durante el día, realizar actividad física y practicar técnicas de respiración son medidas efectivas para reducir la sobrecarga del sistema nervioso. “Necesitamos aprender a identificar qué nos estresa y ponerlo en palabras con alguien de confianza; eso alivia y organiza emocionalmente”, afirma la académica de la UNAB.
Asimismo, retomar actividades gratificantes también cumple un rol protector. “Escribir, pintar, tocar un instrumento o simplemente jugar permite que la mente respire y se reencuentre con el placer y la calma”, señala.
Según detalla la psicóloga el estrés no sólo responde a factores biológicos, sino también a la posición subjetiva de cada persona. “Hay quienes se exigen perfección, rendimiento o resultados permanentes; ese mandato interno desborda el aparato psíquico y afecta la atención y la memoria”, indica la especialista. En ese sentido, la psicoterapia ayuda a resignificar experiencias y a comprender qué elecciones de vida han llevado al estrés crónico.




















