La discusión sobre la devolución del IVA a medicamentos y pañales responde a una preocupación legítima: aliviar el gasto que enfrentan miles de familias para acceder a medicamentos y pañales. Ese objetivo merece ser valorado, sin embargo, tan importante como la intención es el mecanismo que permitirá convertirla en un beneficio real para las personas.

La propia OCDE ha señalado en su estudio The Distributional Effects of Consumption Taxes in OECD Countries, que resulta más eficiente mantener sistemas de IVA homogéneos y apoyar a los grupos más vulnerables mediante transferencias focalizadas. La experiencia internacional muestra que las modificaciones al IVA suelen generar altos costos administrativos y, en algunos casos, terminan beneficiando proporcionalmente más a quienes tienen mayor capacidad de consumo.

El proyecto busca evitar ese problema mediante una focalización en el 80% más vulnerable. Sin embargo, la implementación propuesta plantea desafíos relevantes; a diferencia de una asignación directa, las personas deberán pagar el valor total del producto y posteriormente recibir una devolución meses después a través del Bolsillo Familiar Electrónico, administrado por el Instituto de Previsión Social y operado mediante CuentaRUT de BancoEstado.

La pregunta es si este mecanismo permitirá entregar una ayuda simple, oportuna y efectiva. Como farmacia entendemos que cuando hablamos de medicamentos, muchas veces se trata de gastos urgentes y recurrentes. Un paciente con tratamiento permanente necesita acceder a su medicamento según la prescripción del médico y no necesariamente cuenta con la liquidez para financiar hoy el costo total y esperar el reembolso el mes subsiguiente.

A ello se suma la incertidumbre sobre aspectos esenciales del beneficio. Aún no existe claridad sobre qué medicamentos estarán cubiertos, cuáles serán los topes aplicables o cómo operará la focalización efectiva considerando los recursos comprometidos por el Estado. De hecho, resulta razonable preguntarse si el presupuesto anunciado (100 millones de dólares anuales) permitirá una cobertura amplia dentro del universo potencial de beneficiarios o si será necesario concentrar el beneficio en grupos específicos de mayor necesidad.

También será necesario aprovechar las capacidades de los instrumentos que hoy ya funcionan. El Bolsillo Familiar Electrónico ha demostrado ser una herramienta útil para canalizar ayudas estatales, en este caso, inventar la rueda podría suponer validaciones, compras y devoluciones asociadas a los medicamentos complejos y con costos asociados importantes. Por ello, el éxito de esta iniciativa dependerá de la colaboración entre el Estado, las instituciones ejecutoras y todos los actores del sector salud.

Las políticas públicas cumplen su propósito cuando sus beneficios llegan de manera clara y oportuna a las personas. El desafío al parecer no está en el qué, sino que en el cómo, para asegurar que su implementación esté a la altura de esa expectativa.

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Equipo Prensa
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