Edith González conoce de cerca lo que ocurre al interior de muchos hogares donde viven personas mayores o personas con dependencia. Como asistente de cuidados, su trabajo diario implica acompañar, observar, contener y actuar frente a situaciones que muchas veces son complejas, tanto física como emocionalmente.
Desde su experiencia, cuidar no significa solo apoyar en la higiene, la alimentación, la movilización o la administración de medicamentos. También requiere comunicarse con las familias, observar cambios en el estado físico y emocional de las personas, reaccionar ante situaciones de riesgo y entregar compañía. González explica que en los hogares se encuentran con realidades muy distintas, por lo que este trabajo exige “mucha fuerza, paciencia y entereza para poder sobrellevar todo lo que enfrentamos día a día”.
Por eso, cuando habla de formación, no la plantea como un complemento, sino como una necesidad para sostener mejor una labor exigente. Según comenta, “se necesita orientación y autocuidado”, especialmente en un trabajo donde la carga emocional, el cansancio físico y la responsabilidad cotidiana forman parte de la realidad de quienes cuidan.
Esa experiencia es una de las razones que da sentido a la tercera versión de la Escuela de Cuidadores, Proyecto Colaborativo de Vinculación con el Medio (VcM) de la Universidad San Sebastián sede Valdivia, liderado por Vanessa Darlas, académica VcM de la Facultad de Medicina.
Una respuesta desde el territorio
La iniciativa está dirigida a asistentes de cuidado vinculadas a programas domiciliarios de la Región de Los Ríos, como la Red Local de Apoyos y Cuidados y SENAMA. Su propósito es fortalecer competencias en áreas como patologías neurológicas, estimulación cognitiva, salud afectiva en personas con dependencia, técnicas de alimentación, manejo de heridas, aspectos legales, regulación emocional, primeros auxilios y alfabetización digital.
El proyecto surgió en un contexto regional marcado por el envejecimiento de la población y una creciente demanda de apoyos domiciliarios. Los Ríos se encuentra entre las regiones con mayor proporción de personas mayores del país, a lo que se suma la presencia de personas con discapacidad y distintos niveles de dependencia. En este escenario, las familias siguen siendo el principal soporte del cuidado, mientras las asistentes domiciliarias cumplen un rol clave al acompañar y aliviar parte de esa carga.
Para Darlas, la continuidad de esta iniciativa responde a una necesidad levantada desde los propios programas y asistentes de cuidado. La académica explica que “fueron las propias asistentes y los encargados de los programas quienes, desde el Ministerio de Desarrollo Social y Familia reiteraron esta necesidad”, lo que nos impulsó a desarrollar una nueva versión del proyecto.
La académica agrega que muchas veces quienes asumen este trabajo no cuentan con formación técnica formal, pese a que deben enfrentar situaciones complejas en los hogares. Por eso, fortalecer sus competencias “es una forma concreta de mejorar la calidad de vida de quienes más lo necesitan en nuestra región”.
La Escuela de Cuidadores, iniciativa que tributa al Programa Territorial Hito Más Personas Mayores Activas, de VcM, aborda esa necesidad desde una mirada interdisciplinaria. Participan académicos y estudiantes de Medicina, Kinesiología, Terapia Ocupacional, Obstetricia, Psicología, Derecho y programas de Postgrado, además del Centro de Simulación Clínica e INACAP Valdivia. Esta articulación permite entregar herramientas clínicas, legales, emocionales y prácticas, aplicables al cuidado cotidiano.
Herramientas para un cuidado más digno
La formación busca que los contenidos abordados en los módulos puedan trasladarse al trabajo diario de las asistentes, en los hogares y en la relación directa con las personas que requieren apoyo. Al mismo tiempo, reconoce la experiencia que ellas ya han construido en la práctica.
Cristóbal Arriagada, estudiante de Terapia Ocupacional que participó en el módulo de evaluación y estimulación cognitiva, destaca que el trabajo no partió desde cero. Según comenta, “los cuidadores y cuidadoras con quienes tratamos en la actividad ya llevaban un tiempo trabajando en esta área”, por lo que la instancia permitió complementar habilidades previas con herramientas basadas en evidencia.
Desde su disciplina, el estudiante explica que cuidar también implica estimular y favorecer el bienestar de la persona cuidada. En esa línea, señala que este tipo de herramientas permite “identificar qué áreas de la cognición de la persona requieren más apoyo y elegir actividades que respondan a esas necesidades. Esto puede contribuir a mantener el desempeño de las personas en sus actividades cotidianas y a proteger la dignidad del envejecimiento”.
La experiencia también permitió poner en valor el rol de las asistentes dentro del cuidado domiciliario. Arriagada sostiene que una de las principales lecciones fue “reconocer que estas personas también trabajan en salud”, por lo que su experiencia debe ser validada e integrada cuando el foco está puesto en el bienestar de los usuarios.
Desde su experiencia, Edith González resume el sentido de acceder a este tipo de formación. Para ella, recibir herramientas desde la Universidad “es fundamental para poder seguir con este trabajo, seguir adelante y poder ayudar en forma más digna y mucho mejor a la gente que visitamos”.

























