¿Qué pasa en el cerebro de los padres cuando juegan junto a sus hijos? Más allá de la conexión evidente con los niños, la forma en que los adultos coordinan sus roles frente a ellos tiene un reflejo a nivel neurológico y un impacto directo en la salud mental de los más pequeños.

Así lo demuestra una reciente investigación exploratoria publicada en The Journal of Genetic Psychology, la cual analizó el concepto de coparentalidad, entendida como la manera en que los cuidadores organizan y apoyan mutuamente sus labores de crianza. El trabajo, que además refleja el fuerte compromiso de la Universidad Adolfo Ibáñez con la formación en investigación desde etapas tempranas, reunió a un equipo colaborativo que integró experiencia académica y talento joven. Junto a Vicente Soto, director del Magíster en Neurociencia Social y Cognitiva e investigador del Centro de Neurociencia Social y Cognitiva de la Escuela de Psicología UAI, participaron activamente estudiantes de pre y postgrado: Lukas Valenzuela, candidato a Magíster en Neurociencias UAI; Matías Montecinos, psicólogo UAI, y Luciana Muñoz, estudiante de tercer año de Psicología UAI. A ellos se sumó la investigadora Francisca Pérez, de la Universidad de Chile. A través de una metodología innovadora, este equipo utilizó tecnología de electroencefalografía simultánea para medir la sincronía cerebral entre los padres mientras participaban en una sesión de juego estructurado con sus hijos en edad preescolar.

Los resultados a nivel conductual fueron claros. El estudio evidenció que una mayor coordinación coparental observada se asocia directamente con una menor cantidad de dificultades socioemocionales en los niños. Por otro lado, los puntajes asociados al desarrollo cognitivo y la resolución de problemas mostraron una relación más fuerte con el nivel educativo de los cuidadores.

«La crianza compartida es un proceso fundamental que organiza cómo los adultos se relacionan en torno al niño, y en nuestro estudio observamos que la sincronía cerebral entre los cuidadores se asocia positivamente con una mejor coordinación», explica Vicente Soto respecto a los hallazgos. «Específicamente, vimos esta relación en la banda beta central durante las fases del juego donde los padres deben alternar roles y apoyarse, lo que nos entrega evidencia preliminar para entender la coparentalidad no solo desde el comportamiento, sino como un proceso dinámico que incluye la conexión neuronal», detalla el académico de la UAI.

Esta investigación destaca que el éxito en el desarrollo socioemocional infantil no depende únicamente de cómo cada padre interactúa de manera individual con el hijo, sino de la calidad de la alianza familiar en su conjunto. La forma en que la pareja distribuye los roles, monitorea la situación y comparte la regulación afectiva crea un entorno fundamental que moldea el bienestar y la capacidad de regulación de los niños en sus primeros años.

Con estos nuevos hallazgos, el equipo de investigación plantea que el desafío actual es ampliar estos estudios a nivel longitudinal y con muestras de mayor tamaño. Este avance permitirá proyectar cómo la sincronía neuronal entre los cuidadores podría predecir cambios en la alianza familiar a lo largo del tiempo, abriendo nuevas puertas para el desarrollo de herramientas clínicas y el fomento de la salud mental desde la primera infancia.

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Equipo Prensa
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