• Con la llegada del invierno, las bajas temperaturas, los ambientes calefaccionados y el regreso de los niños a clases aumentan los riesgos de enfermedades respiratorias. En esta época, fortalecer la alimentación cobra especial importancia y algunos alimentos tradicionales vuelven a tomar protagonismo.

 

Uno de ellos es la miel. Aunque es ampliamente conocida, todavía existen muchos mitos y desinformación sobre sus propiedades y sobre cómo reconocer una miel de calidad.

 

Trinidad Völker, nutricionista y fundadora de La Fermentista, explica que “muchas personas creen que toda la miel es igual, pero el grado de procesamiento cambia considerablemente su composición.” Sin embargo, en términos generales, existen dos tipos de miel: la miel cruda y la miel industrial.

 

“La miel cruda es un alimento mínimamente procesado que conserva de forma natural muchos de los compuestos presentes desde su origen. En cambio, la miel industrial suele someterse a altas temperaturas y procesos de refinado que disminuyen parte de estos componentes”, aclara Trinidad Völker.

 

La especialista agrega que “la miel cruda aporta naturalmente compuestos bioactivos, entre ellos antioxidantes y sustancias con actividad antimicrobiana descritas en la literatura científica. Además, puede ser un alivio natural para la tos y la garganta irritada, especialmente en mayores de un año. También contiene compuestos con potencial efecto prebiótico, que podrían favorecer el crecimiento de bacterias beneficiosas para la microbiota intestinal. Más que un endulzante, es un alimento mínimamente procesado que ha acompañado la alimentación humana durante miles de años y que sigue siendo un excelente ejemplo de cómo la naturaleza puede ofrecernos alimentos simples, nutritivos y llenos de sabor.”

 

Tres señales para identificar una miel cruda y de calidad

La adulteración de la miel es un problema reconocido a nivel internacional. Por eso, el primer paso siempre es leer la etiqueta y comprobar que el único ingrediente sea miel. Además, existen algunas características que pueden orientar al consumidor al momento de elegir una miel de buena calidad.

 

  1. Consistencia: La miel pura suele tener una textura espesa y viscosa, aunque su consistencia puede variar según el origen floral y la temperatura ambiente.
  2. Cristalización: “La cristalización es un proceso completamente natural y una característica habitual de muchas mieles crudas. De hecho, suele ser una buena señal de que la miel ha sido mínimamente procesada. Si una miel permanece completamente líquida durante largos períodos, especialmente en ambientes fríos, podría indicar que fue sometida a calentamiento o a procesos de filtrado más intensos”, explica Trinidad Völker.
  3. Color: Éste puede variar ampliamente según la flor de origen, desde tonos ámbar muy claros hasta otros mucho más oscuros. Cada variedad posee características propias, por lo que una tonalidad uniforme no necesariamente es un indicador de calidad.

 

¿La miel vence?

Existe la creencia de que la miel dura para siempre. Si bien es uno de los alimentos con mayor vida útil, su conservación depende de cómo se almacene.

 

Lo ideal es mantenerla en un lugar fresco y seco, protegido de la humedad y de la luz directa. No es necesario refrigerarla y tampoco conviene exponerla a altas temperaturas.

 

¿Cómo incorporarla en la alimentación?

“La miel cruda es muy versátil y puede incorporarse fácilmente a la alimentación diaria. Combina muy bien con yogur natural, kéfir o frutas frescas, sobre tostadas de pan de masa madre y también en vinagretas, aderezos o marinadas. Si se agrega a infusiones, lo ideal es hacerlo cuando ya no estén hirviendo, para preservar mejor sus enzimas y otros compuestos naturales sensibles al calor”, concluye Trinidad Völker.

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Equipo Prensa
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