La activación de un protocolo sanitario en el Hospital Las Higueras de Talcahuano, tras el ingreso de un tripulante vietnamita con un cuadro compatible con fiebre hemorrágica, es una noticia que naturalmente genera inquietud. Sin embargo, la primera responsabilidad de autoridades, medios de comunicación y especialistas es precisar lo que sabemos y, sobre todo, lo que todavía no sabemos.

Hasta ahora existe un paciente con síntomas que requieren investigación, aislamiento preventivo y atención especializada. No existe una confirmación diagnóstica de una enfermedad específica. La autoridad sanitaria ha señalado que se revisan sus antecedentes clínicos y epidemiológicos mientras se realizan los estudios necesarios. Una “fiebre hemorrágica” describe inicialmente un conjunto de manifestaciones clínicas, pero no identifica por sí sola un virus, su origen ni su capacidad de transmisión.

Por eso, asociar prematuramente el caso con ébola, Marburgo, Lassa u otra enfermedad determinada sería científicamente incorrecto. Bajo esta denominación se agrupan enfermedades con mecanismos de transmisión, reservorios y niveles de gravedad muy diferentes. Algunas pueden transmitirse entre personas mediante contacto estrecho con fluidos corporales, mientras otras dependen de vectores o animales.

La activación del protocolo no debe interpretarse como evidencia de un brote. Al contrario, demuestra que el sistema sanitario reconoció una situación potencialmente relevante y actuó de manera preventiva. Ante enfermedades poco frecuentes, pero eventualmente graves, la conducta correcta es aislar, notificar, investigar y proteger al personal sanitario mientras se confirma o descarta el diagnóstico.

En Chile, estas enfermedades son de notificación obligatoria inmediata y el Reglamento Sanitario Internacional exige mantener capacidades para detectar y responder a riesgos que puedan ingresar por puertos, aeropuertos y pasos fronterizos. El objetivo es identificar oportunamente los riesgos, atender a las personas enfermas y evitar una eventual propagación.

La investigación epidemiológica es tan importante como los exámenes de laboratorio. Es necesario reconstruir la ruta del viaje, establecer el inicio de los síntomas, identificar contactos y evaluar otras enfermedades más frecuentes, como malaria, dengue, leptospirosis u otras infecciones capaces de producir fiebre o sangrado.

También debemos evitar que la nacionalidad del paciente se transforme en el centro de la noticia. Constituye un antecedente epidemiológico solo cuando forma parte de la historia de viaje y exposición, pero no representa un factor de riesgo por sí mismo. Convertirla en el foco de la información puede favorecer la estigmatización.

La comunicación oficial debe ser clara, periódica y transparente. La población necesita conocer el avance de la investigación, las medidas adoptadas y el nivel real de riesgo para la comunidad. La comunicación de riesgos es una herramienta esencial para reducir rumores y mantener la confianza pública.

Este episodio también pone a prueba la preparación sanitaria del Biobío y la coordinación entre autoridades, hospitales, laboratorios y organismos nacionales. Incluso si el caso se descarta, permitirá fortalecer la respuesta frente a futuras amenazas.

La ciudadanía no necesita minimizar el caso, pero tampoco magnificarlo. Activar un protocolo no significa que exista una epidemia; significa que un sistema responsable está tomando precauciones mientras investiga. En salud pública, actuar temprano no es alarmismo. La prudencia consiste en investigar con rigor, comunicar con transparencia y proteger a la población sin alimentar el pánico.

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Equipo Prensa
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