Ver sangre salir por la nariz suele generar preocupación, especialmente cuando ocurre de manera repentina. Sin embargo, la mayoría de los episodios de sangrado nasal, conocidos médicamente como epistaxis, no representan una emergencia grave y pueden controlarse con medidas simples si se aplican correctamente.

Se trata de una situación frecuente tanto en niños como en adultos, especialmente durante periodos de bajas temperaturas, ambientes secos o cuadros respiratorios. Pese a ello, aún existen numerosos mitos sobre cómo enfrentar estos episodios, muchos de los cuales pueden dificultar el control de la hemorragia.

Karen Caro, académica de Enfermería de la Universidad Andrés Bello, sede Viña del Mar, explica que una de las razones por las cuales las personas suelen alarmarse es porque la nariz posee una gran cantidad de vasos sanguíneos superficiales. “Las causas más frecuentes son la sequedad de la mucosa nasal, hurgarse o sonarse la nariz con fuerza, los golpes, las alergias y las infecciones respiratorias. También puede presentarse en personas que utilizan medicamentos como anticoagulantes o corticoides nasales, o en quienes tienen enfermedades que afectan la coagulación o la presión arterial”, señala.

La académica de la UNAB agrega que en los niños una de las causas más habituales continúa siendo la manipulación constante de la nariz, situación que puede generar pequeñas lesiones en la mucosa y desencadenar el sangrado.

 

¿Qué hacer?

Aunque el nerviosismo suele ser la primera reacción, mantener la calma es fundamental para actuar correctamente. Según Karen Caro, la primera medida consiste en sentarse e inclinar levemente la cabeza hacia adelante.

«Es importante comprimir firmemente la parte blanda de la nariz utilizando el pulgar y el índice durante 10 a 15 minutos continuos. Muchas personas interrumpen la presión antes de tiempo para revisar si el sangrado terminó, pero eso dificulta la formación del coágulo necesario para detener la hemorragia», explica.

Durante ese periodo se recomienda respirar por la boca y evitar hablar o realizar movimientos innecesarios. Si después de los primeros 10 a 15 minutos el sangrado continúa, se debe repetir el procedimiento una segunda vez por el mismo tiempo.

«La mayoría de los episodios logra controlarse con esta medida simple. Sin embargo, si luego de dos intentos el sangrado persiste, es necesario acudir a un servicio de urgencia para una evaluación médica», indica la académica UNAB.

Una vez controlada la hemorragia, los cuidados también son importantes. La enfermera recomienda evitar sonarse la nariz, introducir los dedos o realizar esfuerzos físicos intensos durante las siguientes 24 a 48 horas para prevenir un nuevo episodio.

 

Mitos que siguen presentes

A pesar de los avances en educación sanitaria, algunas recomendaciones incorrectas continúan transmitiéndose de generación en generación. Uno de los errores más frecuentes, indica la enfermera, son:

1.- Inclinar la cabeza hacia atrás: «Muchas personas creen que esta medida evita que siga saliendo sangre, pero en realidad provoca que la sangre sea tragada. Esto puede generar náuseas, vómitos e incluso dificultar que el personal de salud determine cuánto sangrado realmente hubo», advierte.

2.- Revisar constantemente si la hemorragia ya se detuvo: «Cuando se suelta la presión cada pocos segundos, el vaso sanguíneo lesionado no alcanza a formar un coágulo estable. Eso favorece que el sangrado continúe y prolonga el episodio», comenta.

3.- Introducir algodón, papel higiénico, servilletas o cualquier otro elemento dentro de las fosas nasales. “Estos materiales pueden provocar una lesión adicional de la mucosa, aumentar la irritación e incluso generar dificultades al momento de retirarlos», señala.

4.- Sonarse la nariz inmediatamente después del episodio puede resultar contraproducente. “El coágulo recién formado es muy frágil. Si la persona se suena la nariz de inmediato, existe una alta probabilidad de que vuelva a sangrar», enfatiza.

 

¿Cuándo consultar de manera urgente?

Si bien la mayoría de las epistaxis son de carácter benigno y autolimitado, existen señales de alerta que requieren atención médica “Se debe acudir a un servicio de urgencia si el sangrado no se detiene después de 20 a 30 minutos de compresión continua, si es muy abundante o si ocurre tras un golpe importante en la cara o en la cabeza», explica Karen Caro.

También es recomendable buscar ayuda profesional cuando la sangre sale por ambas fosas nasales, aparece por la boca o cuando el paciente presenta síntomas asociados como mareos, desmayos o dificultad para respirar.

La académica UNAB agrega que quienes utilizan medicamentos anticoagulantes deben ser especialmente cuidadosos frente a estos episodios. “Las personas que reciben tratamiento anticoagulante tienen un mayor riesgo de presentar sangrados más prolongados y complicaciones, por lo que requieren una evaluación más precoz», sostiene.

Aunque cualquier persona puede experimentar una hemorragia nasal en algún momento de la vida, existen grupos con mayor riesgo de complicaciones. Entre ellos se encuentran los adultos mayores, pacientes con trastornos de la coagulación, enfermedades hepáticas o renales, anemia, hipertensión arterial mal controlada y enfermedades cardiovasculares.

«En estos pacientes es importante no minimizar los síntomas y consultar oportunamente cuando los episodios son persistentes o difíciles de controlar», afirma la especialista.

En el caso de los niños, la mayoría de los sangrados se relaciona con causas benignas. Sin embargo, cuando los episodios son frecuentes o muy abundantes, también deben ser evaluados. «Si el sangrado ocurre repetidamente, es muy intenso o se acompaña de moretones o hemorragias en otras partes del cuerpo, es necesario descartar una condición de salud subyacente que requiera tratamiento», concluye Karen Caro.

 

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Equipo Prensa
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