La aparición de un bulto o aumento de volumen en alguna zona del cuerpo suele generar preocupación, especialmente ante el temor de que pueda tratarse de un cáncer. Sin embargo, no todas estas lesiones tienen el mismo origen ni implican necesariamente una enfermedad grave. Nódulos, quistes y tumores son lesiones distintas que pueden presentar características similares a simple vista, por lo que su diagnóstico requiere evaluar aspectos como su ubicación, composición y evolución.
En este contexto, Ernesto Castillo, docente de Tecnología Médica U. Andrés Bello, sede Concepción, aborda sus principales diferencias y entrega recomendaciones para reconocer cuándo es necesario consultar. “Los nódulos, quistes y tumores son protuberancias anormales o crecimiento de tejido que pueden formarse en diferentes partes del cuerpo”, explicó y agregó que los tres tienen características distintas.
¿Cómo diferenciarlos?
Los nódulos son masas sólidas que pueden desarrollarse en tejidos como la piel, la glándula mamaria o la tiroides. “Pueden ser benignos o malignos. Generalmente se palpan como bultos duros bajo la piel, por lo tanto, es necesario realizar un estudio histológico a fin de precisar su etiología”, dijo.
Por su parte, los quistes, aunque suelen ser benignos, pueden estar asociados a distintos cuadros clínicos y, en algunos casos, presentar complicaciones. Además, pueden causar molestias si aumentan de tamaño o se infectan. “Por ejemplo, si un quiste crece demasiado cerca del tiroides, podría dificultar la respiración. Por ello, algunos requieren manejo quirúrgico”, explicó.
Finalmente, los tumores son crecimientos anormales de células que pueden ser benignos o malignos. Los primeros pueden mantenerse localizados, mientras que los malignos tienen la capacidad de invadir tejidos circundantes o propagarse a otras zonas del organismo, generando metástasis de difícil manejo terapéutico.
Estudios son clave
El académico de la UNAB precisó que tener alguna de estas lesiones, pese a que pueden parecer similares a simple vista, no necesariamente significa estar frente a una enfermedad cancerosa.
“Es estrictamente necesario realizar un diagnóstico diferencial realizando una biopsia o estudio histológico de una muestra de tejido, porque estas formaciones son protuberancias inicialmente similares que tienden a un posible error si no se realiza un exhaustivo examen médico”, aclaró.
Por ello, afirmó que estas lesiones pueden diferenciarse preliminarmente según aspectos como su textura, forma de crecimiento, pigmentación y movilidad. “Los nódulos generalmente son masas sólidas y duras, bajo la piel. Pueden ser móviles o estar fijos; los tumores son masas de tejido más firmes, rígidas y menos móviles, de crecimiento rápido y sangran con facilidad al tacto y los quistes son de textura generalmente líquida o aire”, sostuvo.
¿Cómo se detectan?
El profesional explicó que los nódulos, quistes y tumores presentan diferencias relevantes en cuanto a su composición y comportamiento.
“Los quistes pueden contener líquido o aire. Son de crecimiento lento o permanecen estables; los tumores son de crecimiento extremadamente rápido cuando presentan malignidad y los nódulos contienen material denso y duros al tacto, son de crecimiento rápido señalando signos de malignidad”, dijo.
En cuanto a su movilidad, los quistes y muchos nódulos suelen desplazarse bajo la piel, mientras que los tumores tienden a estar adheridos a tejidos vecinos o a planos profundos.
Para detectarlos, son fundamentales los exámenes de imagen. “Como la mayoría de estas formaciones son superficiales, la ecografía cumple un papel vital en el estudio de diagnóstico diferencial. La TAC (Tomografía Axial Computarizada) es importante en el estudio de compromiso a tejidos u órganos vecinos comprometidos”, indicó.
Cómo saber si son malignos
El académico explicó que la biopsia cumple un papel fundamental para establecer un diagnóstico preciso. “Nos indica el grado de desarrollo de la malignidad y orienta a la terapia de elección del control y cura de un posible cáncer”, mencionó.
En cuanto a otros exámenes, como la ecografía, TAC (Tomografía Axial Computarizada) y RM (Resonancia Magnética), indicó que “son estudios de Imagenología que un Tecnólogo Médico IFIME (Imagenología y Física Médica) como también el profesional Tecnólogo Médico con mención en Morfofisiopatología y Citodiagnóstico están ampliamente capacitados en el diagnóstico diferencial de estas malformaciones y orientar al médico de la conducta terapéutica a seguir”.
Sin embargo, recordó que una imagen por sí sola no es suficiente para determinar el grado de malignidad, aunque sí puede levantar sospechas sobre la presencia de una neoplasia y orientar los pasos diagnósticos posteriores.
¿Qué se debe hacer?
Si una persona detecta un nódulo o cualquier aumento de volumen anormal, debe acudir a un especialista para una evaluación médica y la eventual solicitud de estudios complementarios, ya sean exámenes de imagen o análisis histológicos.
Castillo enfatizó la importancia de evitar el autodiagnóstico y consultar oportunamente ante cualquier bulto nuevo, crecimiento anormal o cambio persistente en una lesión ya existente.
El académico advirtió que un quiste puede ser o volverse canceroso cuando presenta componentes sólidos, paredes gruesas o un crecimiento anormal y persistente al estudio imagenológico. “Se vuelve peligroso cuando alcanza un gran tamaño (más de 5 centímetros), se tuerce y sangra fácilmente al tacto o traccionarlo”, finalizó.

























