La relación entre redes sociales y salud mental en adolescentes vuelve a encender alertas. Diversos estudios han demostrado que el uso intensivo y prolongado de estas plataformas se asocia a un aumento de síntomas depresivos en esta etapa de la vida, marcada por profundos cambios emocionales, sociales y biológicos.
“La adolescencia es un periodo en que la identidad está en construcción. Cuando esta se ve dañada por la dinámica de las redes sociales, los efectos no tardan en aparecer”, advierte Miriam Pardo, académica de Psicología de la Universidad Andrés Bello, sede Viña del Mar. La experta explica que la búsqueda constante de validación externa —a través de likes, comentarios o visualizaciones—, la comparación social y la sobreexposición a contenidos emocionalmente intensos influyen directamente en el estado de ánimo y la autoestima.
El problema se acentúa en menores de 16 años, cuyo desarrollo psíquico y neurobiológico aún no se ha consolidado. “La capacidad para tomar decisiones y controlar impulsos depende de la corteza prefrontal, que todavía está en desarrollo. En este contexto, la desaprobación social o la exclusión pueden intensificar sentimientos de inseguridad y depresión”, señala Pardo.
Según la académica, el espacio virtual puede transformarse en un escenario altamente adverso. “El adolescente queda expuesto a la opinión banal de otros, muchas veces de manera permanente. La red no se apaga: permite cuantificar los mensajes negativos, notar silencios prolongados o la exclusión explícita de un grupo, lo que resulta especialmente dañino”, explica.
Señales
Familias y colegios cumplen un rol clave en la detección temprana. Dedicar demasiadas horas a las redes sociales, cambios bruscos de ánimo o aislamiento social son señales de alerta. “La depresión en adolescentes no siempre se manifiesta como tristeza; también puede expresarse en irritabilidad, apatía o pérdida de interés por actividades que antes disfrutaban”, indica la psicóloga.
Otro signo frecuente son las alteraciones del sueño. El uso nocturno del celular o la tablet puede esconder ansiedad persistente. “Muchos jóvenes permanecen en línea esperando respuestas que no llegan o temiendo comentarios que los dañen. Esto mantiene un estado de alerta constante”, agrega la académica UNAB. A ello se suman expresiones de autocrítica extrema como “no sirvo para nada” o “nadie me quiere”, además de una baja en el rendimiento académico.
Para Miriam Pardo, la clave está en la calidad de la experiencia digital. El consumo pasivo —como el “scroll” constante— expone a contenidos idealizados y poco realistas, además de facilitar dinámicas como el ciberacoso o la validación externa. “Todo esto menoscaba la construcción subjetiva del adolescente y afecta su bienestar emocional”, afirma.
Consejos para prevenir síntomas depresivos
- Desde la psicología, la académica de la UNAB entrega recomendaciones prácticas para promover un uso más saludable de las redes sociales:
- Fomentar el diálogo en el colegio, generando espacios donde los adolescentes puedan expresar lo que sienten, a través de talleres o instancias como el consejo de curso.
- Establecer límites consensuados en casa, especialmente respecto al uso del celular antes de dormir.
- Promover actividades extraprogramáticas que refuercen intereses personales como deporte, arte o música.
- Educar en pensamiento crítico, ayudando a analizar contenidos digitales y comprender sus efectos.
- Supervisar desde el acompañamiento, no desde la vigilancia. “Acompañar implica dialogar, compartir y construir confianza”, recalca Pardo.
- Estar atentos a cambios emocionales y considerar apoyo psicológico preventivo cuando sea necesario.
“Las redes sociales no son el enemigo, pero sí requieren una mediación responsable. El acompañamiento adulto es clave para proteger la salud mental de los adolescentes”, concluye la académica.




















