En el marco del Día Internacional de Concienciación sobre el Ruido, especialistas en salud auditiva advierten sobre un fenómeno cada vez más presente en los entornos laborales: el llamado “ruido invisible”. Se trata de sonidos constantes y aparentemente inofensivos —como el tecleo, los teléfonos o los sistemas de ventilación— que acompañan la rutina diaria en oficinas y espacios de trabajo no industriales.
La evidencia muestra que la exposición prolongada a este tipo de ruido no solo afecta la audición, sino también el rendimiento cognitivo y el bienestar psicológico. En esa línea, un estudio de Jabra (2025), especializada en tecnología para entornos laborales, reveló que un 74% de los trabajadores percibe el ruido en la oficina como mentalmente agotador, mientras que un 63% afirma que impacta negativamente su motivación y compromiso con el trabajo. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el ruido es uno de los factores ambientales que más influye en el bienestar, con impactos tanto en la salud física como mental cuando la exposición es prolongada.
De acuerdo con Víctor Astudillo, fonoaudiólogo de GAES Chile, el cerebro continúa procesando los sonidos incluso cuando no somos plenamente conscientes de ellos, lo que puede traducirse en una mayor carga cognitiva durante la jornada laboral.
El ruido en los entornos laborales modernos
En oficinas, coworks y espacios abiertos, el silencio es cada vez más escaso. Aunque cada sonido por separado parece menor, la suma de múltiples fuentes genera un entorno que puede dificultar la concentración y aumentar la fatiga mental.
Este escenario es especialmente común en modelos de trabajo actuales, donde predominan los espacios compartidos y conviven conversaciones, dispositivos electrónicos y sistemas técnicos funcionando de manera continua.
Entre las principales fuentes de este “ruido invisible” se encuentran los equipos informáticos, cuyos sonidos constantes —como el tecleo, los clics del mouse y las notificaciones digitales— se integran al fondo cotidiano de la oficina. Aunque son de baja intensidad, su repetición puede generar distracción sostenida. A esto se suman las alertas y llamadas, como timbres de teléfonos y mensajes entrantes, que activan de forma automática la atención del cerebro e interrumpen los procesos de concentración. También destacan los sistemas técnicos, como aires acondicionados, ventilación, impresoras o servidores, que producen un zumbido continuo y casi imperceptible, pero capaz de mantener al sistema nervioso en un estado de alerta constante. Todo esto termina incidiendo directamente en la productividad y el bienestar de las personas.
La evidencia muestra que la exposición prolongada a este tipo de ruido no solo afecta la audición. También incide directamente en el rendimiento cognitivo y el bienestar psicológico.
Entre sus efectos más comunes se encuentran la fatiga mental —producto de procesar múltiples estímulos simultáneamente—, la disminución de la concentración, el aumento del estrés y una menor eficiencia en la toma de decisiones. A esto se suma irritabilidad, cansancio acumulado y dificultades para desconectarse mentalmente del trabajo.
¿Cómo reducir su impacto?
Si bien el ruido es parte inherente de los entornos laborales modernos, existen medidas simples que pueden ayudar a mitigar sus efectos:
- Incorporar espacios de silencio: contar con zonas o momentos libres de ruido permite al cerebro recuperarse de la estimulación constante.
- Gestionar las notificaciones: reducir alertas innecesarias en dispositivos disminuye interrupciones y mejora la concentración.
- Optimizar el diseño acústico: el uso de paneles, alfombras, cortinas o divisores ayuda a absorber el sonido y mejorar el confort del espacio.
- Realizar chequeos auditivos: evaluaciones periódicas permiten detectar a tiempo signos de fatiga auditiva, especialmente en personas expuestas de forma continua.
El Día Internacional de Concienciación sobre el Ruido, que se conmemora el último miércoles de abril, busca precisamente visibilizar los efectos de la contaminación acústica en la salud y promover hábitos que contribuyan a entornos más saludables.




















