- Cada vez más niños son evaluados por sospechas de condiciones del neurodesarrollo. Sin embargo, especialistas advierten que aún persisten creencias erróneas que dificultan el acceso oportuno a los apoyos que necesitan.
Se estima que entre un 15% y un 20% de la población presenta alguna condición neurodivergente, como el autismo (TEA), el TDAH y la dislexia, entre otras. En paralelo, cada vez más familias consultan por sospechas de condiciones del neurodesarrollo en sus hijos. Lejos de indicar un aumento de estos diagnósticos, este fenómeno responde principalmente a una mayor conciencia sobre las señales de alerta, mejores herramientas de evaluación y una creciente importancia de la detección temprana.
En ese contexto, la Clínica Integral de Epilepsia y Neurodesarrollo (CIEN), centro especializado en diagnóstico y tratamiento interdisciplinario de condiciones del neurodesarrollo, advierte que aún persisten mitos que retrasan el acceso oportuno a la evaluación y a las intervenciones que pueden marcar una diferencia en el desarrollo de niños y niñas. Desde la experiencia clínica y el trabajo permanente con pacientes y sus familias, sus especialistas observan que muchas de estas creencias siguen postergando diagnósticos y apoyos que podrían iniciarse mucho antes.
«Hoy hablamos más de neurodivergencias porque contamos con mejores herramientas para reconocerlas y porque existe una mayor conciencia en familias, colegios y profesionales. El desafío ahora es que esa mayor visibilidad vaya acompañada de información basada en evidencia para evitar diagnósticos tardíos o interpretaciones erróneas», explicó la neuróloga pediatra de CIEN, Magdalena González.
Al respecto, los principales mitos son:
- Las neurodivergencias son enfermedades de salud mental
Falso. Las neurodivergencias corresponden a diferencias en el desarrollo y funcionamiento del cerebro. No son enfermedades de salud mental ni condiciones que deban «curarse». Las personas neurodivergentes tienen una forma diferente de procesar la información y relacionarse con el mundo. Esa diferencia no es una enfermedad y, en muchos casos, puede traducirse en fortalezas como la creatividad, la innovación o nuevas formas de resolver problemas.
- Las neurodiversidad es sinónimo de menor inteligencia o incapacidad
Falso. Al igual que el resto de la población, las personas neurodivergentes tienen una amplia gama de capacidades. Muchas poseen una inteligencia promedio o superior. Diversos estudios, como los liderados por el investigador Simon Baron-Cohen, han descrito fortalezas en la capacidad de sistematización en algunas personas autistas, una habilidad especialmente valiosa en disciplinas como ingeniería, matemáticas e informática.
- Las personas neurodivergentes no tienen empatía
Falso. Las personas neurodivergentes sí sienten empatía y emociones. Lo que puede variar es la forma en que las expresan o interpretan las señales sociales, pero eso no significa que no puedan comprender a los demás, preocuparse por ellos o establecer vínculos afectivos.
- Las personas neurodivergentes no pueden tener vidas independientes
Falso. Miles de personas neurodivergentes estudian, trabajan, forman familias y desarrollan proyectos de vida de manera independiente. Algunas incluso han destacado en áreas como la ciencia, el deporte, el arte o los negocios. Entre los casos más conocidos están el empresario Richard Branson, fundador del Grupo Virgin, quien ha hablado públicamente sobre su dislexia; la nadadora olímpica estadounidense Michael Phelps, diagnosticado con TDAH durante la infancia; y el actor Anthony Hopkins, que ha señalado que su diagnóstico de trastorno del espectro autista le permitió comprender mejor muchas de sus experiencias de vida.
- La neurodivergencia es poco frecuente
Falso. Diversas investigaciones internacionales estiman que entre un 15% y un 20% de la población presenta alguna condición neurodivergente, considerando diagnósticos como TEA, TDAH, dislexia, dispraxia o discalculia. Comprender y apoyar a las personas neurodivergentes beneficia a todos, fomentando la inclusión y reduciendo el estigma.
Además de la atención clínica, CIEN desarrolla actividades de formación y actualización para profesionales de la salud, la educación y otras disciplinas que trabajan con niños, con el propósito de fortalecer la detección temprana y favorecer derivaciones oportunas. Entre ellas se encuentra el curso «Detección Precoz en Neurodivergencias 2026», que comienza la próxima semana y aborda señales de alerta, criterios de derivación y estrategias para favorecer un diagnóstico oportuno desde un enfoque interdisciplinario.
«Creemos que mientras más profesionales cuenten con herramientas para identificar estas condiciones, mayores serán las posibilidades de que los niños reciban un diagnóstico y un acompañamiento oportunos”, señaló la doctora.

























