- El encuentro realizado en la Ciudad Inclusiva de Pequeño Cottolengo de Cerrillos, convocó a profesionales de la salud, representantes de fundaciones y actores del ámbito social para poner en el centro el vínculo, la escucha y la personalización como pilares del cuidado de personas en situación de alta dependencia.
Santiago, agosto de 2026. Coincidiendo con el Día Nacional de la Asistencia Humanitaria y en el marco del Mes de la Solidaridad, Fundación Pequeño Cottolengo —institución que entrega cuidado y hogar permanente a cerca de 300 residentes con discapacidad intelectual profunda y severa— realizó una segunda edición de CottoConversa, esta vez bajo el título “Lo humano en el cuidado”. La actividad convocó a equipos de salud, personal de cuidado directo, voluntariado, estudiantes y representantes de distintas instituciones ligadas al mundo del cuidado.
La jornada partió con las palabras de Cristián Glenz, director ejecutivo de Pequeño Cottolengo, quien dio la bienvenida a los asistentes y planteó el sentido del encuentro: abrir un espacio de reflexión sobre aquellas dimensiones del cuidado que no siempre se sistematizan —el vínculo, la presencia, la escucha y el reconocimiento de la individualidad— pero que resultan decisivas en la experiencia de las personas que reciben cuidados.
Cuatro miradas, un mismo desafío
Durante la jornada se presentaron cuatro experiencias que abordan la humanización del cuidado desde distintos ámbitos. El Dr. José Manuel Vallejos, jefe de Hospitalización Domiciliaria del Hospital El Carmen y vicepresidente de la Sociedad Chilena Interdisciplinaria de Humanización Sociosanitaria, expuso sobre los beneficios de trasladar la atención al hogar del paciente.
“Cuando el cuidado ocurre en el propio entorno de la persona, uno accede a información que en un box clínico simplemente no aparece: su rutina, sus vínculos, lo que le da sentido a su día. Eso cambia por completo la manera de acompañar”, comentó Vallejos.
Desde Pequeño Cottolengo, la enfermera clínica Javiera Belmar presentó “Salud a través del vínculo”, mostrando cómo la cercanía cotidiana con los cerca de 300 residentes de la institución permite, muchas veces, anticipar necesidades de salud que no siempre se expresan con claridad. “El primer signo de que algo no anda bien no siempre se escucha; muchas veces se observa desde el conocimiento que uno crea por compartir con nuestros residentes”, planteó Belmar.
Por su parte, Patricia Maturana, gerente de Residencias de Fundación Coanil, compartió los resultados del proceso de desmasificación residencial impulsado por esa institución y su impacto en la calidad de vida de los residentes. “Cuando reducimos la escala de las residencias, no solo cambiamos un modelo de infraestructura: cambiamos el acercamiento que tenemos a cada persona”, afirmó Maturana.
El bloque de presentaciones cerró con el Padre Sebastián Vega, promotor vocacional de Pequeño Cottolengo, quien abordó el rol de la espiritualidad en la construcción de comunidad y de vínculos entre residentes y funcionarios, y cómo esta dimensión permea la forma en que la institución se relaciona día a día con quienes viven en el Cottolengo.
Más allá del evento: una reflexión que trasciende a cada institución
Tras las presentaciones, los cuatro expositores participaron de un conversatorio en el que profundizaron sobre los desafíos comunes de sus distintos campos de trabajo: cómo integrar lo técnico con lo relacional sin que uno desplace al otro, cómo evitar que el cuidado se vuelva rutinario o estandarizado, y qué prácticas concretas permiten que los equipos conozcan mejor a las personas que acompañan.
Para Pequeño Cottolengo, Hospital El Carmen y Fundación Coanil, la instancia confirmó que, más allá de sus diferencias, comparten un mismo horizonte: entender que la calidad del cuidado no se mide únicamente en protocolos, sino también en la capacidad de las instituciones y sus equipos de sostener el vínculo, la escucha y la dignidad de cada persona como parte central de su labor cotidiana.
Sobre Fundación Pequeño Cottolengo
Fundación Pequeño Cottolengo es una institución que entrega cuidado y hogar permanente a cerca de 300 residentes con discapacidad intelectual profunda y severa, en su Ciudad Inclusiva. Inspirada en la obra de San Luis Orione, su labor busca garantizar una atención integral y digna, promoviendo el bienestar y la calidad de vida de las personas que acoge.
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