La caries dental sigue siendo la enfermedad crónica más frecuente en la infancia y su prevalencia comienza a manifestarse desde edades muy tempranas. Así lo advierte la Dra. Elizabeth López, académica de la Facultad de Odontología de la Universidad Andrés Bello (UNAB) y magíster en salud pública, quien entrega un diagnóstico actualizado sobre el estado bucodental de niñas y niños en el país.
Según explica la especialista, los últimos estudios epidemiológicos nacionales comparables datan del período 2007-2010, cuando se detectó que la prevalencia de caries aumentaba entre los 2 y los 6 años, afectando con mayor fuerza a los grupos socioeconómicos más vulnerables. Esa evidencia impulsó un rediseño del programa de salud bucal hacia un enfoque preventivo, con metas específicas en los Planes Nacionales de Salud y la implementación de iniciativas como Sembrando Sonrisas, dirigido a niñas y niños de 2 a 5 años en jardines infantiles, y el programa CERO, orientado al control odontológico con enfoque de riesgo cariogénico y estrategias preventivas desde los 6 meses de vida.
Aunque no existe una encuesta nacional actualizada, López cita un estudio de Karen Danke y su equipo, basado en registros de atención de más de un millón de niños y niñas de 6 años, que muestra una mejora entre 2012 y 2019 en la proporción de menores sin experiencia de caries. En la misma línea, el índice COPD (Cariados, Perdidos, Obturados, Dientes), que mide dientes cariados, obturados y perdidos en jóvenes de 12 años, bajó de 2,99 a 2,01 entre 2010 y 2019. «Estos datos sugieren que la implementación de los programas preventivos en Chile va en la dirección correcta», señala la académica.
Las brechas persisten según territorio y nivel socioeconómico
La especialista es enfática en que las enfermedades bucodentales no afectan de manera uniforme a la población infantil. «La encuesta nacional de 2007 ya mostraba una mayor prevalencia de caries en niños y niñas del área rural y de nivel socioeconómico bajo, y estudios más recientes confirman una amplia variabilidad regional y entre los distintos Servicios de Salud del país», aclara.
Para López, la caries infantil es una enfermedad ampliamente prevenible, pero su origen combina factores biológicos, conductuales, familiares y sociales. Entre los principales riesgos menciona el consumo frecuente de azúcar, una higiene bucal insuficiente y hábitos como dormir con mamadera con líquidos azucarados o la alimentación nocturna a libre demanda con productos dulces.
La evidencia disponible, agrega, «muestra que la mayoría de los casos pueden prevenirse con cuatro medidas: una alimentación baja en azúcares libres, el cepillado con pasta fluorada al menos dos veces al día, controles odontológicos desde el primer año de vida y una participación activa de la familia en la supervisión de estos hábitos».
El aporte de los programas públicos y el sistema escolar
Sobre el impacto real de iniciativas como Sembrando Sonrisas y las prestaciones GES odontológicas, la académica advierte que es difícil aislar el efecto de un solo programa cuando la enfermedad tiene múltiples factores de riesgo y sus resultados se observan a largo plazo. Con todo, destaca avances como la fluoración del agua potable en gran parte del país y llama a consolidar el Plan Nacional de Salud Bucal 2021-2030.
Respecto al rol de las escuelas, López releva la estrategia de los Establecimientos Educacionales Promotores de la Salud, que integran la salud bucal entre sus focos junto con la actividad física y los entornos saludables, aunque su incorporación es voluntaria.
El mensaje a las familias
De cara a los próximos años, la académica plantea como prioridades reducir las brechas por nivel socioeconómico y territorio, fortalecer la alfabetización en salud bucal y extender los programas preventivos hacia la Educación Básica.
«La caries es una enfermedad que se puede prevenir y las familias son las principales aliadas para lograrlo», afirma López, quien recomienda cepillar los dientes de niñas y niños al menos dos veces al día con pasta fluorada, especialmente antes de dormir, limitar el consumo de azúcar, priorizar el agua como bebida habitual y participar de los programas odontológicos disponibles en centros de salud y establecimientos educacionales.

























