Cuando se habla de contagio por gotitas en salud, se hace referencia a uno de los mecanismos de transmisión más frecuentes y estudiados en medicina. Estas corresponden a pequeñas partículas de saliva y secreción nasal que las personas expulsan al hablar, toser o estornudar.
Natalia Fontecha, académica de la carrera de Enfermería de Universidad de Las Américas Sede Viña del Mar, explica que las gotitas grandes, mayores a 5 micrómetros, caen rápidamente al suelo por efecto de la gravedad y recorren aproximadamente entre uno y dos metros antes de depositarse en superficies. Las más pequeñas, en cambio, pueden permanecer suspendidas en el aire durante minutos e incluso horas.
“Esta forma de transmisión, conocida como aerosoles, permite comprender por qué el riesgo aumenta en espacios cerrados y con poca ventilación. El contagio puede producirse de manera directa, cuando las gotitas de una persona enferma llegan a los ojos, nariz o boca de otra; indirecta, al tocar una superficie contaminada y posteriormente el rostro; o mediante la inhalación de aerosoles en lugares sin una ventilación adecuada”.
Detalla que el riesgo no está asociado a un lugar específico, sino a las condiciones en que las personas comparten un espacio. Recintos con ventanas cerradas, locomoción colectiva, salas de espera de centros de salud, oficinas, establecimientos educacionales y hogares con hacinamiento son algunos de los lugares donde puede aumentar la exposición.
A mayor tiempo de permanencia y menor renovación del aire, más es la acumulación de aerosoles. “Las enfermedades más complejas son muchas veces las que no avisan. Por ejemplo, el primer día de síntomas, cuando uno todavía piensa que es solo un poco de tos, suele ser el momento de mayor transmisión de la influenza», señala la académica, quien recalca que las infecciones respiratorias agudas constituyen una de las principales causas de consulta ambulatoria y presentan aumentos estacionales durante estos meses.
¿Cómo prevenir contagios?
Natalia Fontecha dice que una de las principales medidas de prevención es mantener la vacunación al día, por ejemplo, para la influenza, que es gratuita en la red pública para los grupos prioritarios, entre ellos, personas mayores, embarazadas, enfermos crónicos y personal de salud. El Programa Nacional de Inmunizaciones también contempla vacunas contra el sarampión, coqueluche y meningitis desde la infancia.
El uso de mascarilla ante la presencia de síntomas respiratorios, incluso cuando estos sean leves, contribuye a disminuir la dispersión de gotitas. Mientras una mascarilla quirúrgica reduce la emisión de partículas, los respiradores N95 o KN95 también entregan protección a quien los utiliza.
También se recomienda cubrirse con el codo al toser o estornudar, evitando hacerlo directamente con las manos. La higiene de manos también constituye una medida preventiva, mediante agua y jabón durante al menos 20 segundos o alcohol gel al 70%, especialmente al llegar a espacios públicos y antes de comer.
La ventilación es otro factor relevante. Abrir ventanas periódicamente en espacios cerrados permite renovar el aire y reducir la concentración de aerosoles.
¿Cuándo consultar?
No toda enfermedad respiratoria requiere urgencias, pero hay señales que no deben ignorarse:
- Fiebre de 38,5 °C o más que no baja con analgésico después de dos horas, o que dura más de tres días.
- Dificultad para respirar, falta de aire estando quieto, cuando el pecho se hunde con cada respiración o se marcan las costillas. Labios o uñas con color azulado o grisáceo es una señal de que no está llegando suficiente oxígeno.
- En lactantes y niños respiración muy rápida, quejido al respirar o que no quiera comer ni tomar líquidos.
- Confusión, somnolencia inusual o que la persona no responda bien, especialmente en mayores.

























