Hay quienes se las sacaron durante la adolescencia, otros recién cuando comenzaron a provocar molestias y algunos llegaron a los 30, 40 o más años con sus cuatro muelas del juicio intactas. Entonces surge una pregunta bastante común: ¿qué pasa si nunca me las saco?
La respuesta no es necesariamente preocupante. Los terceros molares, conocidos popularmente como muelas del juicio, no siempre deben extraerse.
“No todas las personas deben extraerse los terceros molares, ya que es perfectamente posible conservarlos durante toda la vida sin presentar ningún problema”, explica el Dr. Gabriel Salinas, cirujano maxilofacial y académico de Odontología de la Universidad Andrés Bello.
Para ello, idealmente deben haber erupcionado completamente, encontrarse correctamente posicionados, disponer de espacio suficiente, participar de una mordida funcional y, especialmente, permitir una higiene adecuada.
El problema aparece cuando alguna de estas condiciones no se cumple.
El problema puede comenzar sin dolor
Una muela del juicio retenida dentro del hueso, parcialmente cubierta por la encía o que crece en una posición inadecuada puede dificultar considerablemente la higiene y favorecer distintas complicaciones.
Una de las más frecuentes es la pericoronitis, inflamación e infección de los tejidos que rodean una muela parcialmente erupcionada. Puede generar dolor, inflamación e incluso dificultad para abrir la boca.
También pueden aparecer caries tanto en la propia muela del juicio como en el segundo molar ubicado inmediatamente delante, especialmente cuando la posición entre ambas piezas dificulta la limpieza y favorece la acumulación de placa y alimentos.
Pero existen complicaciones menos evidentes.
“Cada muela del juicio se desarrolla dentro de un saco de tejido ubicado en el interior del hueso maxilar. Si queda completamente retenida, este saco puede llenarse de líquido y transformarse en un quiste”, explica Salinas.
Aunque son situaciones menos frecuentes, estas lesiones pueden crecer silenciosamente y llegar a comprometer hueso, dientes vecinos u otras estructuras cercanas.
“Si no me duele, ¿significa que está bien?” No necesariamente.
“Un tercer molar puede estar generando enfermedad sin producir dolor”, advierte el especialista. Por esta razón, la evaluación clínica y radiográfica puede detectar alteraciones antes de que aparezcan síntomas evidentes.
Entre las señales que deberían llamar la atención se encuentran encías rojas, inflamadas o que sangran alrededor de la muela; mal aliento o sabor desagradable persistente; comida que queda atrapada repetidamente; inflamación detrás del segundo molar; dificultad para abrir la boca y molestias recurrentes en la zona posterior.
También conviene prestar atención si la pieza salió solo parcialmente o nunca llegó a aparecer completamente en la boca.
¿Y si nunca ha dado ningún problema? Tampoco significa automáticamente que haya que extraerla.
“Si se tiene un tercer molar y nunca se ha realizado una evaluación clínica y radiográfica, es razonable consultar, aunque no exista dolor, especialmente si está parcialmente erupcionado o retenido”, recomienda Salinas.
A partir de esa evaluación, el odontólogo puede determinar si corresponde extraerlo o simplemente mantenerlo bajo control. La decisión dependerá de su posición, la presencia de enfermedad, el riesgo de futuras complicaciones y la dificultad de una eventual cirugía.
En otras palabras, tener muelas del juicio no es necesariamente un problema. El error es asumir que, porque nunca han dolido, nunca es necesario revisarlas.

























