“Llevo más de un año esperando”. Esa es la dura realidad de más de 2,6 millones de personas en nuestro país que todavía no pueden acceder a su salud. ¿Qué estamos haciendo para reducir las listas de espera? ¿Más de lo mismo? Este número sigue creciendo y, en los últimos cinco años, cerca de 200 mil chilenos han muerto sin que los atiendan.
Este dramático escenario es especialmente crítico en patologías tiempo-dependientes como el Accidente Cerebrovascular (ACV). Aunque el sistema de Garantías Explícitas en Salud (GES) establece teóricamente el inicio de la rehabilitación ambulatoria en un máximo de 15 días, la realidad golpea con fuerza: la escasez crónica de especialistas en la red pública hace que la lista de espera efectiva para un tratamiento integral de secuelas neurológicas supere, en muchos casos, los 200 días. Por otro lado, aunque el sistema privado brinda atención oportuna y especializada, un plan de neuro-rehabilitación intensiva particular puede alcanzar costos mensuales millonarios, levantando una barrera de acceso infranqueable para miles de familias.
Es momento de repensar estructuralmente cómo abordamos este problema profundo y entregar una solución humana. Cada día en una lista de espera neurológica significa una oportunidad perdida para la plasticidad cerebral, limitando la recuperación funcional y mermando la calidad de vida del paciente. Debemos impulsar nuevas iniciativas que sean escalables, que adopten nuevas tecnologías y que permitan, finalmente, democratizar el acceso a una salud de calidad.
El punto de inflexión para acelerar el acceso a estos tratamientos y reducir drásticamente las brechas está en nuestras manos: la telerehabilitación. Potenciar el uso de plataformas digitales para el tratamiento a distancia no es un proyecto experimental; es una respuesta concreta y validada que puede descongestionar el sistema de salud.
Mediante la telerehabilitación, los equipos multidisciplinarios —kinesiólogos, terapeutas ocupacionales, fonoaudiólogos y médicos— pueden acompañar la recuperación del paciente directamente en su hogar. Adoptar un modelo de atención híbrido, que combine sesiones presenciales de alta complejidad con pautas de ejercicios guiados y monitoreados remotamente de forma constante, multiplica la capacidad de atención de los especialistas. Esto no solo elimina las barreras geográficas, sino que reduce los costos físicos y económicos de traslado para pacientes con movilidad limitada, acercando los estándares clínicos de excelencia a todos los sectores.
No podemos aceptar como norma que una persona deba esperar casi un año para iniciar su terapia física o cognitiva, ni que su única alternativa oportuna dependa exclusivamente de su capacidad de pago. La tecnología ya está disponible para transformar los tiempos teóricos de las garantías estatales en tiempos efectivos.
Implementar soluciones digitales e innovadoras en nuestra red de salud no es una promesa para el futuro, se debe —y puede— implementar hoy. Sólo rompiendo los paradigmas tradicionales lograremos entregar a millones de chilenos la oportunidad de una rehabilitación digna, oportuna y verdaderamente accesible.
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Equipo Prensa
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