Entre la velocidad de los avances de la IA, la complejidad de la industria farmacéutica, los virus, las vacunas, etc. pareciera ser que todos los caminos menos explorados de la salud, por lo demás, inician donde la Medicina Familiar emerge. Se transforma en un puente entre las personas, las voces silenciadas y el arte de sanar. Donde escuchar profundamente se convierte en el acto más revolucionario y sensible, donde el compromiso con lo local empuja en buen camino la salud pública de nuestro país.
La Medicina Familiar no es únicamente una especialidad médica, sino una poderosa herramienta de transformación y construcción social. Desde la perspectiva sociológica y antropológica, esta disciplina contempla la salud no solo desde lo biológico, sino también desde lo cultural, lo económico y lo comunitario. Como señala Naomar de Almeida Filho en su texto «Epidemiología sin Números», la salud debe entenderse como un proceso social donde intervienen las condiciones de vida, la cultura y la relación del individuo con su entorno comunitario. Esta visión humaniza la atención sanitaria, considerando las particularidades del contexto local, las necesidades específicas y los valores culturales de cada comunidad.
En Chile, la relevancia de la Medicina Familiar es especialmente significativa sobre todo cuando se analizan de forma crítica los resultados de la Encuesta CASEN 2022, en la que el 22% de los hogares con niños presenta algún grado de pobreza multidimensional, siendo la salud una dimensión crítica que afecta directamente las oportunidades y calidad de vida de estas familias. Este dato revela no solo la necesidad urgente de un enfoque sanitario que comprenda y atienda las vulnerabilidades específicas de las comunidades más pobres, sino que también converse con estructuras metodológicas rigurosas y modernas.
“La medicina familiar es la más integral de las especialidades médicas, brindando atención a la población sin ningún tipo de exclusiones”, afirma el potente inicio de una columna publicada en la revista Archivos de Medicina Familiar, en 2021, donde se subraya que la atención primaria efectiva no solo depende de la disponibilidad de recursos médicos, sino del compromiso del profesional sanitario con la escucha profunda y la comprensión integral del paciente y su contexto. Es fundamental identificar factores sociales determinantes en la salud de la población que podrían ser invisibles en consultas rápidas y despersonalizadas. El (re) surgimiento de una medicina auténticamente social es imprescindible, que privilegie no solo los aspectos médicos, sino también las dolencias sociales de los territorios que conciernen a los problemas de salud.
Relevar el rol de los sentimientos y las relaciones en la atención, así como la función del médico en la práctica médica es algo que debemos revalorizar. Los abordajes centrados en una salud integral que den valor a la práctica subjetiva, hoy por hoy, son urgentes. Son esenciales.
Un ejemplo de este enfoque es el caso del trabajo que se ha realizado con comunidades rurales indígenas en el sur de Chile, donde la mancomunión de los equipos médicos, líderes comunitarios y otros actores relevantes, ha facilitado identificar problemas de salud derivados de condiciones socioeconómicas precarias, pero también de prácticas culturales mal interpretadas por el sistema sanitario convencional, que afectan la salud de las comunidades (por ejemplo, los planes interculturales impulsados por el Programa Especial de Salud y Pueblos Indígenas, PESPI). Estos diálogos han facilitado adaptar intervenciones que respetan las tradiciones locales, la memoria histórica y las resistencias territoriales, aumentando notablemente la adherencia a tratamientos y mejorando la salud comunitaria.
Las comunidades no son simples receptoras pasivas de servicios de salud, sino participantes activos en la construcción de soluciones. El Dr. Breilh, director del área de salud de la universidad andina Simón Bolívar, coordinador del doctorado en Salud y ambiente, sostiene que “la epidemiología crítica debe involucrar el conocimiento local, las formas autóctonas de prevención y cuidado, validando saberes que históricamente fueron marginados”. Este principio es especialmente relevante en comunidades urbanas marginales, donde las familias suelen depender fuertemente de redes vecinales y comunitarias para enfrentar situaciones de salud.
La Medicina Familiar también tiene importantes implicaciones económicas para el país. Una atención primaria integral que escuche y entienda el contexto reduce significativamente los costos a largo plazo, previniendo complicaciones que saturan hospitales y sistemas especializados. Según datos derivados de la CASEN 2022, en CNEP, existe una correlación directa entre la falta de acceso oportuno a atención primaria y mayores tasas de hospitalización en poblaciones vulnerables, generando costos adicionales que podrían evitarse con un modelo más humano y cercano.
Las comunidades necesitan sentirse escuchadas, comprendidas y respetadas por el sistema de salud. Un profesional de medicina familiar capacitado en esta escucha activa puede identificar tempranamente no solo enfermedades físicas, sino también problemáticas sociales que inciden en la salud general de la población. Esto genera una sensación de confianza, pertenencia y corresponsabilidad, creando un círculo virtuoso de cuidado mutuo entre pacientes y profesionales sanitarios.
La Medicina Familiar representa mucho más que un primer nivel de atención médica. En Chile, cada año desde el 2017 se gradúan en promedio 70 médicos y medicas especialistas en Medicina Familiar (679 desde el 2008), lo que es una oportunidad para empujar e insistir en la construcción de un tejido social sano, reconociendo y validando la voz comunitaria como fundamental en la salud colectiva. Chile tiene el desafío urgente de integrar esta visión en sus políticas públicas, apostando por una atención primaria fortalecida, culturalmente sensible y profundamente comprometida con la realidad local. En palabras de Breilh, la salud no se mide solo en cifras, sino en la capacidad de una sociedad para escucharse, entenderse y cuidarse mutuamente.
Escuchar no es solo atender, es sanar.
Alejandro Gómez Muñoz, académico del programa de Medicina Familiar y comunitaria, Universidad Diego Portales.