El hígado graso asociado a disfunción metabólica (MASLD) y su forma inflamatoria, la esteatohepatitis metabólica (MASH), se han convertido en uno de los mayores desafíos actuales para la medicina digestiva. Hoy representan la principal causa de enfermedad hepática crónica a nivel mundial, de acuerdo con estimaciones de la American Association for the Study of Liver Diseases (AASLD) y la European Association for the Study of the Liver (EASL), impulsadas por el aumento sostenido de la obesidad, la diabetes tipo 2 y otros trastornos metabólicos.

Durante años, el diagnóstico de MASLD o MASH implicaba una recomendación clara pero limitada. Cambios en la alimentación, actividad física y control de factores de riesgo. No existían tratamientos farmacológicos aprobados específicamente para esta enfermedad, una realidad ampliamente descrita en guías clínicas internacionales y revisiones publicadas en revistas como The Lancet y Journal of Hepatology. Este escenario comenzó a cambiar recientemente y ha sido calificado por expertos como uno de los avances más relevantes de la gastroenterología moderna.

MASLD y MASH, un cambio de paradigma en la enfermedad hepática

El cambio de nomenclatura desde hígado graso no alcohólico a MASLD no es solo semántico. Responde a un consenso internacional impulsado por sociedades científicas como AASLD y EASL, que busca reflejar de forma más precisa el origen metabólico de la enfermedad, alejándola de una definición basada en la exclusión del alcohol y acercándola a los mecanismos fisiopatológicos reales.

En este contexto, el rol del gastroenterólogo es clave, tanto para el diagnóstico oportuno como para la estratificación del riesgo. En pacientes con MASH, donde existe inflamación activa y riesgo de progresión a fibrosis, cirrosis o carcinoma hepatocelular, la evaluación especializada permite definir el seguimiento y las opciones terapéuticas más adecuadas, tal como recomiendan las guías clínicas actualizadas de hepatología.

El primer tratamiento farmacológico aprobado para MASH

Uno de los hitos más importantes fue la aprobación del resmetirom, conocido comercialmente como Rezdiffra, para el tratamiento de pacientes con MASH y fibrosis moderada a avanzada. Se trata del primer fármaco aprobado que actúa directamente sobre mecanismos metabólicos hepáticos involucrados en la enfermedad, tras una decisión regulatoria basada en estudios fase 3 evaluados por la FDA.

Este medicamento oral modula receptores de hormona tiroidea a nivel hepático y ha demostrado, en ensayos clínicos publicados en The New England Journal of Medicine, reducción de la grasa hepática, mejoría de la inflamación y cambios favorables en marcadores de fibrosis. Para muchos especialistas, este avance cambia la conversación clínica, ya que por primera vez existe una opción farmacológica validada más allá de las recomendaciones de estilo de vida.

Terapias metabólicas que también impactan el hígado

Junto con los tratamientos específicos, algunos fármacos utilizados en diabetes y obesidad han mostrado beneficios relevantes en MASLD y MASH. Los agonistas del receptor GLP-1, como la semaglutida, han demostrado reducir inflamación hepática y mejorar parámetros histológicos en determinados grupos de pacientes, según estudios presentados en congresos de la American Diabetes Association y publicados en Gastroenterology.

Si bien estos medicamentos no están indicados exclusivamente para enfermedad hepática, su impacto sobre el peso corporal y la resistencia a la insulina los convierte en aliados terapéuticos, especialmente cuando el manejo es coordinado entre gastroenterología, endocrinología y nutrición.

¿Qué ocurre en niños y adolescentes?

El aumento de la obesidad infantil ha llevado a que MASLD también se diagnostique a edades cada vez más tempranas, un fenómeno descrito por la World Gastroenterology Organisation. En| estos casos, la evaluación por un gastroenterólogo infantil resulta fundamental, ya que el abordaje diagnóstico y terapéutico debe adaptarse al desarrollo del paciente y a su contexto familiar.

Si bien los tratamientos farmacológicos aún están mayoritariamente enfocados en población adulta, la detección precoz en niños y adolescentes permite intervenir antes de que el daño hepático progrese, principalmente a través de cambios estructurados en alimentación, actividad física y seguimiento especializado.

Fármacos en desarrollo y el futuro del tratamiento

Además del resmetirom, varios medicamentos se encuentran en fases avanzadas de investigación clínica. Entre ellos destacan análogos de FGF21 como efruxifermin y pegozafermin, que han mostrado resultados prometedores en la reducción de fibrosis hepática, según datos presentados en congresos internacionales como EASL y AASLD.

Estos avances abren la puerta a tratamientos más personalizados, donde el gastroenterólogo podrá seleccionar la mejor opción según el perfil metabólico y el estadio de la enfermedad de cada paciente.

El manejo integral sigue siendo esencial

A pesar de estos avances, los especialistas coinciden en que no existe una solución única. El tratamiento de MASLD y MASH sigue requiriendo un enfoque integral, donde los fármacos se suman, pero no reemplazan, la modificación de hábitos, el control del peso y el manejo de comorbilidades, tal como recomiendan las guías clínicas internacionales.

La coordinación entre equipos de salud y el seguimiento regular permiten reducir el riesgo de progresión y mejorar la calidad de vida a largo plazo.

Por qué este avance es tan relevante hoy

Durante décadas, la enfermedad hepática metabólica avanzó de forma silenciosa, sin opciones farmacológicas específicas. Hoy, la aparición de tratamientos efectivos marca un punto de inflexión, ofreciendo nuevas alternativas a pacientes que antes solo contaban con recomendaciones generales.

Para la medicina digestiva, este cambio no solo amplía el arsenal terapéutico, sino que refuerza la importancia del diagnóstico temprano y del seguimiento especializado, tanto en adultos como en población pediátrica.

MASLD y MASH siguen siendo enfermedades complejas, pero por primera vez, el horizonte terapéutico es más amplio, concreto y sustentado en evidencia científica sólida.

 

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Equipo Prensa
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