El sueño y el buen descanso están estrechamente relacionados, sin embargo, muchas veces no es una condición que se cumpla, sobre todo en adultos. De hecho, según la Organización Mundial de la Salud, se estima que el 40% de la población mundial tiene algún trastorno, siendo la apnea obstructiva del sueño (AOS) uno de los más comunes. 

“La AOS se caracteriza por el bloqueo parcial o total de la vía aérea durante el descanso, lo que provoca pausas en la respiración y disminuciones en los niveles de oxígeno en la sangre. Además, fragmenta el sueño y genera descargas adrenérgicas nocturnas, impactando en la calidad de vida y en la salud cardiovascular de quienes la padecen”, explica el Dr. Alonso Quijada, neurólogo de Clínica Dávila.

¿Cuáles son sus síntomas y factores de riesgo?

Entre sus principales síntomas están los ronquidos intensos, pausas en la respiración durante el sueño, despertares nocturnos con sensación de asfixia, dolores de cabeza matutinos, somnolencia excesiva durante el día, dificultad para concentrarse y cambios de humor.  

Los principales factores de riesgo incluyen la obesidad, la edad avanzada, el género masculino y enfermedades cardiovasculares. “Además, quienes tienen esta condición suelen presentar problemas respiratorios debido a una mala respiración nasal, provocada por alteraciones anatómicas como las desviaciones del tabique, hipertrofia cornetes nasales, poliposis nasal, hipertrofia amígdalas palatinas o linguales y alteraciones en el desarrollo maxilo facial, por eso el manejo multidisciplinario es fundamental”, afirma el Dr. César Alarcón, otorrinolaringólogo de Clínica Santa María.

En cuanto al impacto de la obesidad, Paulina Mella, nutricionista de Clínica Dávila Vespucio, advierte: “Esta condición agrava el cuadro, por lo que es fundamental mantener una alimentación equilibrada para alcanzar un peso adecuado. Se recomienda tener cuatro comidas en el día, suplementarse con vitamina D y magnesio, e incluir frutas y verduras en la dieta. Todo esto debe estar bajo supervisión de un equipo multidisciplinario”.

¿Qué pasa si no sigo un tratamiento adecuado?

El Dr. Juan Pablo Betancur, neurólogo de Clínica Biobío, explica que el diagnóstico se realiza mediante una evaluación clínica y estudios del sueño como la polisomnografía. Este examen registra parámetros fisiológicos durante el descanso, incluyendo la actividad cerebral, los movimientos oculares, la actividad muscular, la frecuencia cardíaca y la respiración. “Este análisis se considera el estándar de oro para detectar la enfermedad”, comenta.

El no tratar esta patología puede tener consecuencias graves, ya que aumenta el riesgo de hipertensión arterial, enfermedades cardiovasculares, accidentes cerebrovasculares, diabetes tipo 2 y demencia.  “Además, la somnolencia diurna excesiva asociada incrementa el riesgo de accidentes laborales y de tráfico. El tratamiento adecuado mejora la calidad de vida, reduce estos riesgos y previene complicaciones a largo plazo”, finaliza el Dr. Juan Pablo Mansilla, neurólogo de Clínica Ciudad del Mar. 

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