• Según especialista, la evidencia científica muestra que problemas como la periodontitis no solo afectan encías y dientes. También se asocian a inflamación sistémica y a enfermedades como psoriasis, impactando incluso la salud cerebral.

Durante años, la salud bucal fue entendida como un ámbito separado del resto del organismo. Sin embargo, la evidencia científica actual apunta en otra dirección. La boca no es un sistema aislado, sino una puerta de entrada que mantiene una interacción constante con el sistema inmune y la circulación sanguínea, lo que la conecta directamente con la salud general.

Así lo explica la Dra. Alejandra Fernández, investigadora y académica de la Facultad de Odontología de la Universidad Andrés Bello, quien advierte que enfermedades como la periodontitis pueden tener efectos más allá de la cavidad oral. “Cuando las encías están inflamadas y existe un desequilibrio de bacterias, estas pueden ingresar al torrente sanguíneo junto a mediadores inflamatorios, favoreciendo procesos de inflamación en distintas partes del cuerpo”, explica.

En este contexto, diversas investigaciones han identificado asociaciones entre enfermedades bucales y patologías sistémicas. Entre las más estudiadas se encuentran la relación entre periodontitis y algunas enfermedades de la piel, como la psoriasis y la dermatitis atópica. De hecho, estudios liderados por la Dra. Fernández evidencian que personas con psoriasis presentan peores parámetros periodontales y hábitos de higiene más deficientes en comparación con individuos sanos, además de un mayor riesgo de desarrollar periodontitis severa.

De la boca al cerebro

El impacto no se limita a la piel. La inflamación crónica originada en la cavidad oral también podría influir en la salud cerebral. “Cuando la higiene bucal es deficiente, las bacterias y sus productos pueden ingresar a la sangre, activando respuestas inflamatorias del sistema inmune. Este proceso, conocido como inflamación sistémica, ha sido vinculado con alteraciones en el bienestar mental y en funciones cognitivas”, señala la investigadora.

Actualmente, un equipo de investigación del Doctorado en Odontología Traslacional de la UNAB, en colaboración con la Universidad de La Frontera, estudia cómo estos mecanismos podrían relacionarse con la salud mental. El foco está en comprender de qué manera la inflamación asociada a la periodontitis y la presencia de productos bacterianos en la sangre podrían incidir en el bienestar psicológico de las personas.

La prevención es esencial

Frente a este escenario, la prevención adquiere un rol clave. La Dra. Fernández enfatiza que mantener una adecuada higiene oral no solo ayuda a prevenir caries o enfermedades de las encías, sino que también podría contribuir a reducir procesos inflamatorios que afectan al organismo en su conjunto. Entre las medidas fundamentales se encuentran el cepillado dental al menos dos veces al día con pasta fluorada, la limpieza interdental diaria y los controles periódicos con un odontólogo, que permiten establecer planes de cuidado personalizados.

A estos hábitos se suma la importancia de una alimentación equilibrada, la reducción del consumo de azúcares y la evitación del tabaquismo, factores que inciden directamente en la salud de las encías y los dientes.

La Dra. Fernández enfatiza que, desde una perspectiva de salud pública, el desafío es mayor. “Fortalecer la educación en higiene oral desde edades tempranas y mejorar el acceso a controles odontológicos preventivos son estrategias clave para reducir la carga de enfermedades bucales. Muchas de estas patologías pueden detectarse de manera precoz y tratarse oportunamente, evitando complicaciones que trascienden la boca”.

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