¿Es normal que mi hijo pronuncie mal? Es una de las preguntas más recurrentes en una consulta fonoaudiológica y una preocupación constante en madres, padres y tutores que observan los inicios del habla en sus niños y niñas. La fonoaudióloga y especialista en lenguaje y comunicación infantojuvenil y académica de la Universidad Andrés Bello, Victoria Aguilar, explica que no todo error en la pronunciación debe entenderse como un problema y que, en muchos casos, forma parte de un proceso evolutivo esperado.

Durante los primeros años de vida, comenta la experta UNAB, el sistema de sonidos del habla se encuentra en pleno desarrollo. En ese contexto, es frecuente que niños pequeños presenten dificultades para articular ciertos fonemas o combinaciones de sonidos. Según detalla la especialista, “es habitual que entre los 0 y 5 años aparezcan errores en sonidos como /l, r, rr, s/ o en sílabas más complejas /pr, pl, br, bl…/), porque el habla todavía está en construcción”. Estos llamados procesos fonológicos cumplen una función adaptativa y suelen desaparecer de manera natural a medida que el niño madura y amplía su experiencia comunicativa.

La exposición constante al lenguaje, la interacción cotidiana y el juego verbal cumplen un rol clave en este desarrollo. Conversar, leer cuentos y estimular el intercambio comunicativo favorece la organización de los sonidos del habla y la claridad progresiva del discurso infantil. “Un entorno rico en comunicación permite que el niño vaya ajustando su pronunciación y ganando seguridad al expresarse”, afirma Aguilar Fuentealba, quien además se desempeña como docente universitaria en Concepción.

Sin embargo, existen situaciones en las que los errores dejan de ser parte de lo esperado y es necesario recurrir a un profesional que apoye la evolución del habla en niñas y niños. La especialista advierte que cuando la claridad del habla es muy baja en relación con la edad, o cuando el progreso es mínimo a lo largo del tiempo, resulta pertinente solicitar una evaluación. “Si a los 3 años cuesta mucho entenderlo fuera de su círculo cercano o si a los 4 o 5 años persisten varios errores en distintos sonidos, es recomendable consultar”, sostiene. Otro aspecto relevante es la dimensión emocional, ya que la frustración al no ser comprendido puede impactar en la participación social y en la confianza comunicativa.

La evaluación fonoaudiológica permite diferenciar entre variaciones normales del desarrollo y trastornos específicos de los sonidos del habla. Detectar estas dificultades de manera temprana permite intervenciones más efectivas. La fonoaudióloga enfatiza que “la evidencia muestra que la intervención precoz mejora considerablemente la pronunciación y la inteligibilidad, y suele requerir menos tiempo de tratamiento”.

¿Qué ocurre en adultos?

Aunque la infancia es considerada el período óptimo para abordar estas dificultades, la especialista aclara que los problemas de pronunciación no están limitados solo a esa etapa. Gracias a la plasticidad cerebral, adolescentes y adultos también pueden lograr avances importantes. “Nunca es tarde para mejorar la comunicación, incluso en la adultez se observan cambios significativos cuando existe motivación y constancia”, asegura.

La terapia fonoaudiológica en estos casos utiliza estrategias basadas en evidencia, como entrenamiento motor del habla y conciencia fonológica. “La motivación y constancia son factores clave en el éxito terapéutico”, asegura.

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