La movilidad limitada o la incapacidad de hacerlo, pueden ocasionar lesiones por presión (LPP), que se provocan por un daño localizado, causada por una alteración del aporte sanguíneo a esa zona debido a una fuerza, fricción o rotura. María Paz Varas, enfermera del Servicio de Cirugía Infantil del Hospital Clínico San Borja Arriarán (HCSBA), abordó qué son, en qué zonas se producen, quiénes tienen más riesgos de tenerlas, cómo identificarlas y prevenirlas.
Las lesiones por presión son heridas que antiguamente se conocían como escaras. Son originadas por un empuje constante que provoca una falta de irrigación sanguínea, causando incluso la pérdida de continuidad de la piel.
La enfermera María Paz Varas explicó que son las prominencias óseas las que incitan esta condición. En ese contexto, detalló que se crean “en las zonas más frecuentes donde están nuestras zonas de apoyo, es decir, codos, caderas, sacro, tobillos y talones”.
¿Cuáles son los factores?
La funcionaria del HCSBA, sostuvo que las personas con mayor riesgo de adquirirla son personas mayores, hospitalizadas, con diagnósticos neurológicos, desnutrición o antecedentes mórbidos, como diabetes.
Además, indicó que se distinguen porque puede haber una pérdida de continuidad de la piel dentro de las zonas de prominencias óseas, o un enrojecimiento delimitado “que no cambia su coloración una vez que uno lo presiona”.
¿Cómo podemos evitarlas?
La mejor forma de prevenirlas, son métodos simples como los cambios de posición. María Paz Varas, enfatizó que se pueden realizar con cojines y almohadas, además de “la lubricación, una correcta nutrición de la piel y una buena hidratación”.






















