A través de un enfoque basado en la neurociencia, el académico de College UC y de la Facultad de Medicina, Ariel Lara, explica cómo la sincronización con la luz solar y la desconexión de pantallas son fundamentales para moldear conductas saludables en la infancia. Con la llegada de los meses fríos y el fin de las vacaciones, el desafío familiar radica en establecer hábitos constantes que beneficien el rendimiento escolar y el bienestar emocional.
El término de las vacaciones y el retorno a las salas de clases modifican las rutinas de descanso en los hogares. Frente a las bajas temperaturas y los cambios de luz, consolidar hábitos de sueño adecuados es fundamental para que los y las estudiantes mantengan su concentración y eviten la somnolencia.
Ariel Lara, académico de College UC y de la Facultad de Medicina de la Universidad Católica, explica que el descanso es una conducta que requiere regularidad. El investigador sostiene que “es muy importante comprender que las conductas no las podemos modificar de un día para otro; requiere un compromiso y una serie de cosas que no son fáciles. Es como aprender un idioma nuevo: tienes que ser metódico, tener un horario, ser responsable, cumplidor, y ahí aprendes cosas nuevas. Con el sueño va a ser lo mismo”.
“El principal sincronizador biológico del descanso es la luz solar. Nuestro cuerpo está programado para despertar con el sol y empezar a secretar melatonina cuando se oscurece”, explica. Sin embargo, en la temporada de invierno el sol se oculta más temprano (cerca de las 18:00 horas), lo que dificulta el cumplimiento de las rutinas biológicas ideales en la vida cotidiana.
El costo de no abordar a tiempo estos desajustes horarios se manifiesta directamente en la convivencia escolar y el aprendizaje. El docente advierte que “un cerebro que no descansa entra en un estado de privación que se manifiesta en somnolencia, irritabilidad y una incapacidad severa para la autorregulación emocional en niños, niñas y adolescentes», lo que altera de forma inmediata su rendimiento general y su capacidad para iniciar el semestre de la mejor forma.
«Una correcta higiene del sueño beneficia directamente la atención, la consolidación de la memoria de trabajo y la plasticidad neuronal”, señala.
Para asegurar un descanso óptimo, el docente sugiere las siguientes medidas prácticas:
- Iniciar una transición previa: Cambiar los horarios de levantarse y acostarse de forma paulatina al menos tres días antes del ingreso oficial.
- Fijar un límite para las comidas: Evitar cenas calóricas o la ingesta excesiva de líquidos durante las dos horas previas a ir a la cama.
- Suspender el uso de pantallas: Cortar de forma definitiva el uso de celulares, computadores y videojuegos al momento de acostarse.
- Controlar los estímulos en el hogar: Disminuir la intensidad de las luces artificiales y el ruido ambiental a partir de las 19:00 o 20:00 horas.
- Asegurar las condiciones de la habitación: Mantener cortinas que bloqueen la luz para garantizar oscuridad total y usar un pijama adecuado para el frío.
- Implementar rutinas de calma: Reemplazar los estímulos fuertes por actividades pausadas antes de dormir, como leer un cuento o conversar tranquilamente.
Por otra parte, la vuelta a la rutina escolar puede generar respuestas de ansiedad o irritabilidad en las etapas de crecimiento. Como los y las menores son sensibles al ambiente social de su entorno, el investigador aconseja que las familias transmitan previsión y organización para disminuir la incertidumbre.
¿Qué acciones ayudan a manejar este proceso en la familia?
- Fomentar el deporte por la tarde: Incentivar juegos al aire libre para asegurar un gasto energético saludable.
- Organizar los materiales con anticipación: Dejar listas las mochilas y uniformes antes para evitar la acumulación de tareas y el estrés del domingo por la tarde.
- Buscar apoyo en el núcleo familiar: Rodearse de la familia y mascotas para generar un espacio cotidiano de confort y tranquilidad.
- Mantener el orden en el dormitorio: Despejar la habitación de distractores o juguetes para que el cerebro asocie ese espacio exclusivamente al reposo.
Según el docente, el éxito del retorno escolar está ligado a establecer rutinas estables que aporten al bienestar psicológico. «Los niños se habitúan muy rápido; es como entrenarlos. Incorporar estas prácticas constantes impactará directamente en su nivel atencional, su regulación emocional y su rendimiento escolar diario», concluye.

























