La obesidad es una enfermedad compleja caracterizada por la acumulación excesiva de grasa corporal que aumenta el riesgo de desarrollar complicaciones de salud y, por tanto, disminuir la calidad de vida. Su prevalencia ha ido aumentando, convirtiéndose en uno de los principales problemas de salud pública. De acuerdo con datos recientes aportados por la Organización Mundial de la Salud casi el 60% de la población mundial adulta presenta exceso de peso, lo que es especialmente relevante, ya que los modelos predictivos recopilados en el Atlas de la Obesidad proyectan que para el año 2030 habrá más de 1000 millones de adultos en todo el mundo que vivirán con obesidad y que para el 2050 el 50% de la población adulta global sufrirá exceso de peso. 

El aumento sostenido de esta situación se ha relacionado con factores ambientales y conductuales entre los que destaca un patrón alimentario caracterizado por el elevado consumo de productos ultraprocesados y escaso aporte de fibra y compuestos bioactivos, contribuyendo en la perpetuación del estrés oxidativo, alteraciones metabólicas y, consecuentemente, el deterioro progresivo de la salud. En este contexto, existe un creciente interés por los posibles beneficios para la salud asociados al consumo de compuestos bioactivos presentes principalmente en alimentos de origen vegetal. 

Diversas investigaciones han descrito que los patrones alimentarios caracterizados por un elevado aporte de fibra, vitaminas y antioxidantes podrían asociarse inversamente con marcadores de inflamación y con alteraciones cardiometabólicas. En conjunto, estos antecedentes han incrementado el interés por el potencial nutracéutico de determinados compuestos naturales y por su incorporación habitual a través de la alimentación. Entre estos compuestos, los polifenoles han adquirido especial relevancia debido a sus potenciales efectos moduladores sobre procesos metabólicos relacionados con el desarrollo de enfermedades crónicas. Una fuente importante corresponde a los frutos rojos como calafate, maqui, arándano, mora y murta. 

Desde una perspectiva dietética, los patrones alimentarios orientados a incrementar el consumo de alimentos de origen vegetal (cereales integrales, leguminosas, frutos secos, frutos rojos, ajo, jengibre y té verde), permiten incorporar una amplia variedad de micronutrientes como vitaminas A, C y E, además de sustancias como quercetina, curcumina y resveratrol. Por consiguiente, la incorporación de estos alimentos dentro de un patrón alimentario equilibrado podría constituir una estrategia nutricional de interés para favorecer una mayor ingesta de sustancias con potencial antioxidante y beneficios sobre la salud.

 

Dra. Carla Guzmán Académica de Nutrición y Dietética Universidad San Sebastián

 

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