Técnicas avanzadas de diagnóstico, fármacos de última generación y la trombectomía mecánica están transformando las posibilidades de supervivencia sin secuelas. Especialista señala la necesidad de fortalecer la coordinación de la red de atención pública y privada para garantizar un tratamiento oportuno sin importar la ubicación geográfica.
SANTIAGO, Chile — octubre 2026 — La evolución tecnológica en el área de la salud ha marcado un antes y un después en el diagnóstico y tratamiento del Accidente Cerebrovascular (ACV). Gracias a herramientas avanzadas de diagnóstico por imágenes y terapias de reperfusión de última generación, hoy es posible identificar con precisión qué ocurre en el cerebro en tiempo real, seleccionar las mejores alternativas terapéuticas y aumentar significativamente las probabilidades de supervivencia y recuperación funcional de los pacientes.
Entre los principales progresos destaca el uso de imágenes como el escáner cerebral, la angio-TAC y los estudios de perfusión cerebral, fundamentales para localizar arterias obstruidas y determinar qué áreas del tejido cerebral aún son rescatables. Uno de los hitos más relevantes en la medicina neurovascular reciente es la trombectomía mecánica, un procedimiento endovascular altamente especializado que permite la extracción directa de coágulos mediante catéteres. Esta intervención logra restablecer el flujo sanguíneo cerebral incluso hasta 24 horas después del inicio de los síntomas en pacientes adecuadamente seleccionados.
El reto del acceso equitativo en Chile
Estas tecnologías de vanguardia están incorporadas tanto en el sistema de salud público como en el privado. Sin embargo, persisten importantes brechas regionales en su disponibilidad. Mientras algunos centros hospitalarios cuentan con equipos especializados e infraestructura para realizar trombectomías mecánicas, otros deben gestionar el traslado de los pacientes hacia centros de mayor complejidad, lo que puede significar minutos críticos en una patología donde «tiempo es cerebro».
«El verdadero desafío del sistema de salud no es solo disponer de la más alta tecnología médica, sino asegurar que cada persona pueda acceder al tratamiento adecuado y oportuno, independientemente de la región o comuna en la que viva», aseguró el neurólogo vascular y expresidente de la Asociación Chilena de Enfermedades Vasculares Encefálicas (ACEVE), Víctor Hugo Navia.
Reducir las inequidades en la red asistencial y consolidar la coordinación tecnológica es el paso fundamental para consolidar el impacto de estas innovaciones en toda la población chilena.
El avance médico y tecnológico es evidente, pero la llave del éxito sigue estando en las manos del entorno del paciente. “Reconocer los síntomas y acudir de inmediato a un servicio de urgencias puede significar la diferencia entre una recuperación completa, una discapacidad permanente o incluso la supervivencia del paciente”, explicó el especialista.
El enemigo es el tiempo: síntomas fulminantes
En cuanto a la patología, otro de los grandes desafíos del ACV radica en su naturaleza intempestiva. El doctor Navia lo define claramente como “un cuadro de inicio brusco; los síntomas más frecuentes son la desviación de la cara, la pérdida de fuerza de un brazo o una pierna, la dificultad para hablar. También puede presentarse visión borrosa o doble, o brusca pérdida del equilibrio.
Ante cualquiera de estas señales, la instrucción es no esperar a que los síntomas cedan por sí solos, ya que “por cada minuto que un ACV isquémico permanece sin tratamiento, se pierden, en promedio, 2 millones de neuronas. El tiempo es cerebro; cada minuto que pasa sin tratamiento aumenta el daño cerebral”, destaca el doctor Navia.
La velocidad de reacción determina el futuro del paciente. Si la atención se retrasa, las consecuencias pueden ser devastadoras, provocando la muerte o secuelas graves, tales como parálisis, problemas para caminar, trastornos del habla o pérdida de la autonomía. No obstante, el neurólogo rescata que un abordaje precoz y una rehabilitación oportuna elevan drásticamente las probabilidades de sobrevivir con las menores secuelas posibles.
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Equipo Prensa
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