Una profunda reflexión respecto a las condiciones que debe tener el trabajo para ser una herramienta de realización personal y de servicio a la sociedad, así como de los desafíos actuales, tuvo lugar en el conversatorio “El futuro del trabajo para el bienestar humano”, que inauguró oficialmente las actividades académicas 2026 de la Facultad de Salud y Ciencias Sociales de Universidad de Las Américas (UDLA).

La actividad contó con exposiciones de Carla Fardella, integrante del Consejo Asesor de la Estrategia de Desarrollo para la Educación Superior de la Subsecretaría de Educación Superior; y Osvaldo Blanco, Director del Núcleo de Estudios sobre Configuraciones Territoriales del Bienestar UDLA. El encuentro fue una oportunidad propicia para reflexionar sobre los desafíos y competencias que deberán desarrollar los profesionales frente a las transformaciones sociales, sanitarias y laborales que enfrenta el mundo actual.

Al dar la bienvenida, el Decano de la Facultad de Salud y Ciencias Sociales de UDLA, Osvaldo Artaza, destacó que la apertura de este año académico coincide con la concreción del Doctorado de Bienestar Humano, Salud y Sociedad, el cual definió como “un sueño” que implicó esfuerzo y trabajo colaborativo. Expresó enseguida que “nos convoca hoy una pregunta profunda y urgente: ¿Qué capacidades debe formar una universidad para que sus estudiantes enfrenten con sentido y propósito las incertidumbres de un mundo laboral en transformación? Y, en particular, ¿qué implica hacerlo desde una Facultad de Salud y Ciencias Sociales comprometida con el bienestar humano y la transformación social?”. La respuesta implica revisar el significado del trabajo, dijo, el cual definió como “una dimensión constitutiva de la dignidad humana”.

A continuación, la Directora del Doctorado de Bienestar Humano, Salud y Sociedad, Leslie Landaeta, expresó su satisfacción por la creación del doctorado, que marca un hito para UDLA, al tiempo que manifestó que el bienestar humano “es una construcción compleja y dinámica que trasciende la ausencia de enfermedad y se expresa en la posibilidad de vivir una vida digna, plena y con sentido”.

Transformaciones en universidades chilenas

La primera ponencia estuvo a cargo de Carla Fardella, investigadora del Centro Núcleo Milenio Autoridad y Asimetrías de Poder (NUMAAP) financiado por la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID), y del Programa de Investigación, quien compartió el resultado de diez años de labor indagando la carrera académica en Chile. Al referirse a las transformaciones de las universidades chilenas y al cuerpo académico como fuerza laboral, destacó que los centros de enseñanza superior pasaron a ser actores económicos, produciendo valor y no solo formación. Asimismo, evolucionaron desde el conocimiento útil al medible, trazable y comparable, con registros y rankings que definen su valor. Y, en tercer lugar, transitaron desde la autonomía hacia la participación en infraestructuras globales, en las que la ciencia circula a escala mundial, pero bajo condiciones asimétricas que favorecen a ciertos países y en un contexto marcado por disputas geopolíticas sobre la tecnología.

Más adelante, explicó que los instrumentos de acción pública hacen hincapié en toma de decisiones basada en la evidencia. Comentó que “empezamos a ver equipos donde trabajamos todos y donde las ideas circulan”, indicando que cuando se premia a sujetos individuales lo que se consigue es fragmentar el trabajo científico. La tendencia de reconocer equipos “son formas más saludables de conducir nuestro trabajo”, expresó.

Tecnología y bienestar social

Al intervenir, el Director del Núcleo de Estudios sobre Configuraciones Territoriales del Bienestar de UDLA, Osvaldo Blanco, profundizó en lo que calificó como “la ilusión de equivalencia entre tecnología y bienestar social”, en un mundo en el que se habla de nuevas tensiones y formas de precariedad laboral y desigualdades. En este sentido, argumentó que “la promesa es aumentar la productividad, permitir el teletrabajo, mejorar la conciliación vida-trabajo y generar nuevos empleos”. No obstante, enfatizó, “el riesgo crítico es el aumento de la explotación, nuevas formas de control laboral y la precariedad del trabajo”.

Por ello, en su opinión, si bien existe una amplia diversidad de instancias de formación,  el mercado laboral se ha vuelto cada vez menos predecible, donde “la paradoja es que la relación entre el trabajo y el bienestar pasa a ser bastante incierta”, marco en el cual, más allá de preguntarse qué profesiones desaparecerán, el debate debe centrarse no solo en este punto, sino en una “transformación profunda de la relación entre tecnología, conocimiento y la forma en que estructuramos el bienestar”.

Al entregar un diagnóstico sobre las dimensiones operativas divergentes, presentó lo que llamó “la matriz de la asincronía” entre la universidad y el mercado, donde mientras la primera opera con tiempos largos, ciclos de cambio largos y deliberativos, un conocimiento estable y mallas curriculares lentas, el mercado se caracteriza por la aceleración, ciclos cortos y disruptivos, y un conocimiento aplicado y rápidamente obsoleto.

Universidad y futuro del trabajo

Consciente de la profunda transformación del mundo del trabajo y del impacto que la inteligencia artificial y las nuevas tecnologías están teniendo en las profesiones, la institución está realizando diversas actividades de inauguraciones de año académico 2026 con un ciclo de charlas y conversatorios en sus sedes de Santiago, Viña del Mar y Concepción.

La iniciativa estará orientada a reflexionar sobre el futuro del trabajo y las competencias que hoy demanda la sociedad, con una mirada prospectiva hacia el año 2050. Toda la información se encuentra disponible en www.udla.cl

 

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